El Nobel de Física premia a los descubridores de las ondas gravitacionales

Wednesday, 04 October 2017 09:49 Written by  font size decrease font size decrease font size increase font size increase font size

Estocolmo, Suecia.- “Como Galileo mirando con su telescopio se trata de un nuevo avance en la astronomía, de una nueva manera de ver el universo”, declaraba en agosto pasado ante la prensa Barry Barish, quien ya había compartido en junio con Weiss y Thorne el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica.

Thorne y Weiss crearon el observatorio LIGO (Observatorio de Ondas Gravitacionales por Interferometría Láser, en español) en el marco de su trabajo en el prestigioso Instituto de Tecnología de California (Caltech), que ha recibido 18 premios Nobel desde la creación del galardón en 1901.

Barish, director del observatorio de 1997 a 2006, ayudó a completar el proyecto creando la Colaboración Científica LIGO, una agrupación de 1.167 científicos de más de un centenar de universidades dedicados a esta tarea.

“Hacía 40 años que tratábamos de detectarlas. ¡Qué alegría haberlo logrado!”, dijo Rainer Weiss, cuando la Academia le anunció el premio. La primera observación directa de las ondas gravitacionales fue el resultado de un evento a unos 1.300 millones de años luz de distancia.

“Aunque la señal fue extremadamente débil cuando llegó a la Tierra, ya prometía una revolución en la astrofísica. Las ondas gravitacionales son una forma completamente nueva de seguir los eventos más violentos en el espacio y probar los límites de nuestro conocimiento”, dijo la Academia Sueca. “Sabíamos que las ondas gravitacionales existían” pero “por primera vez fueron observadas directamente”, declaró Olga Botner, del Comité Nobel de física.

Esa primera detección directa, un momento histórico tras 40 años de esfuerzos, tuvo lugar en septiembre de 2015 y fue divulgada el 11 de febrero de 2016. Desde entonces, el LIGO, que consta de dos detectores idénticos, uno situado en Luisiana y otro en el Estado de Washington, observó el fenómeno en tres ocasiones.

La comparación de los tiempos de llegada de las ondas en los dos detectores, distantes de 3.000 kilómetros y el estudio de las características de las señales medidas confirmaron la detección. En septiembre de 2017, otro detector, el europeo Virgo, situado en el Observatorio Gravitacional Europeo (EGO) en Cascina, Italia, cerca de la Torre de Pisa, también detectó ondas gravitacionales.

Las ondas gravitacionales suelen ser representadas como la deformación que ocurre cuando un peso reposa sobre una red. En este caso, la red representa el entramado espacio-tiempo. Estas perturbaciones se desplazan a la velocidad de la luz y nada las detiene. El hecho de poder detectar estas ondas que viajan sin alteración por miles de millones de años torna posible remontarse al primer milisegundo del llamado Big Bang.

Esto podría brindar valiosas informaciones sobre el origen del universo. “Einstein estaba convencido de que nunca sería posible medirlos”, afirmó el comité Nobel. Sin embargo, en los años 1950, el físico estadounidense Joseph Weber se empecinó en afirmar lo contrario y comenzó a trabajar en los primeros detectores.

Una prueba indirecta de su existencia fue establecida en 1974 por el descubrimiento de un pulsar -una estrella de neutrones que emite una radiación electromagnética intensa en una dirección determinada, como un faro- y de otra estrella de neutrones girando a gran velocidad alrededor de la otra. Por ese descubrimiento, los estadounidenses Russel Hulse y Joseph Taylor recibieron el Premio Nobel de Física en 1993. (I)

Anteriores galardonados Esta es la lista de los 10 últimos laureados del Premio Nobel de Física, atribuido ayer por el comité Nobel de la Real Academia Sueca de Ciencias a tres astrofísicos estadounidenses: 2017: Rainer Weiss, Barry Barish y Kip Thorne (Estados Unidos) por la observación de las ondas gravitacionales, que confirma una predicción de Albert Einstein en su teoría general de la relatividad.

2016: David Thouless, Duncan Haldane y Michael Kosterlitz (Reino Unido) por sus trabajos sobre los aislantes topológicos, materiales ‘exóticos’ que podrían permitir en un futuro más o menos cercano crear ordenadores superpotentes.

2015: Takaaki Kajita (Japón) y Arthur B. McDonald (Canadá), por el descubrimiento de las oscilaciones de los neutrinos, lo que demuestra que estas enigmáticas partículas sí tienen masa.

2014: Isamu Akasaki e Hiroshi Amano (Japón) y Shuji Nakamura (Estados Unidos), inventores del diodo electroluminiscente (LED)

2013: François Englert (Bélgica) y Peter Higgs (Reino Unido) por sus trabajos sobre el bosón de Higgs, una partícula elemental.

2012: Serge Haroche (Francia) y David Wineland (Estados Unidos) por sus investigaciones en óptica cuántica, que permiten la creación de ordenadores superpotentes y relojes de una precisión extrema.

2011: Saul Perlmutter y Adam Riess (Estados Unidos), y Brian Schmidt (Australia/EEUU) por sus descubrimientos sobre la expansión acelerada del universo.

2010: Andre Geim (Holanda) y Konstantin Novoselov (Rusia/Reino Unido) por sus trabajos pioneros en el desarrollo del grafeno, un material revolucionario llamado a transformar la electrónica, en particular la construcción de ordenadores y transistores.

2009: Charles Kao (Estados Unidos/Reino Unido), Willard Boyle (Estados Unidos/Canadá) y George Smith (Estados Unidos), por sus investigaciones sobre la fibra óptica y los semiconductores, responsables de importantes avances tecnológicos en la telefonía, el transporte de datos y la fotografía.

2008: Yoichiro Nambu (Estados Unidos), Makoto Kobayashi y Toshihide Maskawa (Japón) por sus investigaciones sobre la formación del universo. (I)

Fuente: El Telégrafo

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