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Betuneros logran hasta $ 20 diarios en calles céntricas de Guayaquil

by editor

Con guantes de látex, Gretty Zambrano protege las manos al empezar el cepillado del calzado de Margarita Carranza. Enseguida coloca tinta negra al agua que esparce con un trapo y luego seca para darle un toque final con bacerola y una esponja de brillo.

Así, Zambrano desde hace seis años labora de 06:00 a 18:00 en el tradicional oficio de betunero en las calles P. Icaza y Córdova. Allí, a los usuarios les llama la atención al ser una de las pocas mujeres que perseveran en este oficio en esa zona.

Ella, de 48 años, aprendió el oficio tras separarse de su expareja, de quien heredó ese puesto. Ahora sus ingresos promedio de $ 20 al día los destina para mantener a sus tres hijos y darles un estudio para que logren superarse.

Zambrano trabaja en un diminuto banquillo frente a su clienta, que afirma que le agrada su delicadeza y trabajo a detalle en la tarea de betunar.

En diversos puntos de la ciudad, donde se da constante movimiento de peatones, en los alrededores de parques como el Seminario, Centenario, la Victoria y plazas como La Merced y San Francisco, se los halla aún a los betuneros.

En esos 5 a 10 minutos de su lustrada, ellos comparten una charla durante su trabajo o prestan el periódico a los clientes más tímidos. Algunos escuchan anécdotas y hasta aconsejan sobre asuntos del amor, entre esos Alberto Cortez Reyes, que con sus bromas le cambia el día a sus fieles clientes.

Al mantense le agrada el contacto con la gente que mantiene con venta de periódicos desde hace 24 años en el Barrio del Centenario. “Me gusta estar aquí. Una hija me dice que no venga… ‘qué tú me quieres matar más rápido’, me moriría de la pena de no hacer nada”, dice.

Varios coinciden en que la demanda ha bajado, así como los puestos de betuneros con plataforma integrada por una silla de aluminio y un parasol. En antaño los betuneros cargaban su cajón, tintes y pomadas yendo a pie por las calles. Ahora eso más lo hacen jóvenes.

Tanto Juan Guillermo Velázquez y Hólguer Mata, betuneros del parque Seminario, esperan ayuda para remodelar sus puestos y piden facilidades en la obtención de créditos.

Velázquez cuenta que empezó en el oficio a los 10 años con apoyo de su abuelo que tenía una plataforma de betunero. Él fue cargador de banano y hace cinco años ante la necesidad volvió al oficio cobrando de $ 0,50 a $ 0,75 la lustrada.

“Por las tardes iba con el cajón al Malecón viejo a lustrarle a los marinos y extranjeros, también lustraba casa por casa a familias de Urdesa”, cita.

En cambio, Mata, de 30 años, lleva 11 años en el oficio con la meta de que sus tres hijos sean profesionales y se superen.

La mayoría de betuneros, como Juan Flores (80), de la plaza San Francisco, no tienen una jubilación, ni bonos y viven del diario, $ 10 a $ 15. Sus clientes les ayudan.

Betuneros  logran hasta $ 20 diarios en calles céntricas

 

Fuente: El Universo

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