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Rusos recuerdan centenario de ejecución del último zar Nicolás II

by editor

Miles de peregrinos rusos participaron este martes en una procesión para conmemorar el centenario del fusilamiento del último zar Nicolás II y su familia.

Nicolás, su esposa y sus cinco hijos fueron ejecutados por soldados bolcheviques en Yekaterinburgo 18 meses después de que el zar abdicó en medio de la revolución de febrero de 1917. Habían estado presos en San Petersburgo y en Siberia en medio de la guerra civil rusa.

La procesión empezó la noche del lunes desde la Iglesia de la Sangre, erigida en el lugar donde ocurrieron las ejecuciones, y culminó el martes en el lugar donde los cuerpos fueron arrojados, a 21 kilómetros (13 millas) de distancia.

La procesión fue encabezada por el patriarca Cirilo, líder de la Iglesia Rusa Ortodoxa, que considera mártires al zar y su familia. Cirilo ofició un servicio religioso en el lugar donde los cuerpos fueron arrojados.

Nicolás gobernó Rusia desde 1894 hasta que fue derrocado en marzo de 1917. Sus restos y los de su familia fueron reinhumados en San Petersburgo en 1998.

El patriarca ortodoxo Cirilo encabezó este martes una procesión que reunió en Ekaterimburgo (los Urales) a casi 100.000 personas para conmemorar el centenario de la ejecución del último zar Nicolás II y su familia a manos de los bolcheviques.

Casi 20.000 personas se unieron a ellos en el monasterio, levantado por la Iglesia para conmemorar la ejecución.

«Rezamos por el zar y emperador Nicolás, un mártir, rezamos por quienes sufrieron con él», declaró el patriarca Cirilo ante la muchedumbre, con cirios encendidos.

Rusia debe aprender la lección «de esta experiencia difícil y amarga», afirmó. «Debemos realmente resistir a toda idea o dirigente que nos proponga, a través de la destrucción de nuestra vida, de nuestras tradiciones y de nuestra fe, adoptar un supuesto nuevo futuro desconocido y feliz», prosiguió.

Iglesia Ortodoxa y el Estado

Los bolcheviques fusilaron a Nicolás II, a la zarina Alejandra y a sus cinco hijos en la madrugada del 17 de julio de 1918, poniendo así fin a 300 años de la dinastía de los Romanov al frente del imperio ruso.

La familia imperial fue canonizada en 2000 por la Iglesia ortodoxa rusa y en 2008 el tribunal supremo de Rusia la rehabilitó, considerándola víctima de la represión política bolchevique.

El Estado ruso evitó conmemorar este centenario, destacó en el periódico Vedomosti Ksenia Luchenko, especialista en la Iglesia ortodoxa rusa.

La ejecución de Nicolás II y de su familia «no puede usarse en el marco de la educación patriótica porque fueron fusilados por miembros de La Cheka», precursora del KGB, del que el presidente ruso Vladimir Putin fue oficial, explica.

Los huesos de Nicolás II, de su mujer y de tres de sus hijos fueron hallados en 1979 y enterrados en la Fortaleza de Pedro y Pablo de San Petersburgo en 1998. Veinte años después la Iglesia ortodoxa rechaza reconocer su antenticidad.

Los restos de los dos hijos restantes, Alexéi y María, aparecieron en 2007 pero todavía no fueron enterrados por falta de acuerdo entre las autoridades y la Iglesia.

Según esta última, los bolcheviques quemaron los cuerpos de las 11 víctimas (la familia imperial y sus allegados) en una fosa en un bosque de los Urales, cerca del monasterio Gánina Yama, sin dejar rastro.

Pruebas de ADN

El lunes, nuevas pruebas de ADN confirmaron la autenticidad de los restos de la familia imperial.

El clero examinará «atentamente» estos resultados, declaró el portavoz de la Iglesia, Vladimir Legoida, quien elogió una «atmósfera de transparencia».

Queda en el aire si la Iglesia dará un paso y aceptará un entierro religioso.

Según Luchenko, «la fecha de las conmemoraciones y la ocasión de reconocer (la autenticidad de los restos) pasó, nada impide ahora a la Iglesia postergar durante años esta decisión».

Y eso que «desde hace muchos años, el Estado quiere poner punto y final a esta historia y enterrar a todos los hijos de Nicolás II cerca de sus padres», afirma Luchenko, quien ve «señales que muestran que al gobierno se le agota la paciencia».

Fuente: El Universo

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