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Un barrio antiguo que no conoce la regeneración

by editor

Juan Carlos Benavides, de 62 años, está cansado de caminar sobre baldosas que se mueven, losetas rotas, tapas de alcantarilla levantadas y entre postes, a su juicio, mal colocados que lo obligan a bajarse a la calzada y caminar por media calle.

Pero la semana pasada, por hacerlo casi lo atropella un carro. “¡Por poco muero!”, relata el vecino y propietario de una panadería ubicada en el tradicional barrio del Seguro, uno de los más antiguos (de casi 70 años). Él llegó al lugar siendo un niño y hoy se queja de la falta de regeneración urbana que ha tenido el sector. “El Municipio no ha tocado nuestras aceras siquiera en cinco décadas”, manifiesta.

Benavides vive en las calles Washington y Tegucigalpa, donde al igual que en el resto de cuadras (no más de diez) que integran el vecindario, que limita con las avenidas Maracaibo, Francisco Segura, Bogotá y Quito, se pueden apreciar desgastados los bordillos, peatonales polvosas, rampas inexistentes e incluso aceras “extremadamente estrechas” que afectan sobre todo a las personas que caminan llevando en coches a sus bebés.

Para Gladys Villacís, una de los moradoras fundadoras, el deterioro es tal que los peatones, independientemente de su edad, se caen, ya sea porque se topan con un hueco o porque tropiezan con los escalones de las veredas, que en algunos casos llegan a medir más de 40 centímetros, convirtiéndolas así en ‘montañas’ para quienes requieren ayuda para desplazarse.

“En enero pasado, ayudando a mi abuela a subir la acera, ambas nos caímos, pese a que, como de costumbre, teníamos los ojos puestos en el piso. Como resultado rompí mi vestido y mi abuela sufrió un esguince. Pasamos adoloridas”, recuerda la también residente Clara Tandazo, quien desde su vivienda, ubicada en las calles El Salvador y Guatemala, ha sido testigo -según afirma- de al menos unas diez caídas y tropiezos por mes.

“Estoy segura de que hay muchas más, pero desde mi ventana es lo que alcanzo a contar. He visto a estudiantes darse contra el suelo y adultos despotricando contra las autoridades porque a causa de los ‘porrazos’ han roto hasta sus lentes”, argumenta.

A esto, los habitantes, de los pocos que quedan desde que se fundó la ciudadela, conocida como el barrio de las Américas (por llevar sus calles el nombre de las capitales de este continente), suman el inconveniente de vivir entre los cables que atraviesan las vías y cuelgan de los postes o rozan con las casas.

Por esta razón, en el hogar de la familia Cáceres Sornoza, los más chicos tienen prohibido acercarse al balcón, puesto que los alambres están al mismo nivel de la infraestructura.

“No entiendo cómo en tantos años el Municipio no ha podido intervenir o presentar, por ejemplo, un proyecto para tener cableado subterráneo. Años atrás nos repararon las calles, les pusieron asfalto, sí, pero el resto, incluidas nuestras alcantarillas, constantemente taponadas, está abandonado. A causa de eso tenemos hasta ratones. No es justo”, expresa.

Para Villacís, su vecindario es la cara opuesta del de sus vecinos del Centenario, al que describe como el barrio modelo.

“Si se fija bien verá cómo allí todo está bonito: adoquinado, con cerámica. Juraría que somos una de las poquísimas zonas de Guayaquil que no han sido intervenidas. Y es una lástima porque aquí también tenemos historia, somos un sitio icónico, hoy perdido…”.

Respecto al tema, Wilfrido Matamoros, gerente de la Fundación Siglo XXI (encargada de la regeneración urbana), asegura que llevará las quejas al alcalde para considerar la intervención en el 2019. Efectivamente no se ha restaurado la zona, admite. No obstante -aclara- el Cabildo, bajo dependencia del Gobierno central, está restaurando el parque Forestal, “de utilidad a sus habitantes”, aunque estos no lo consideren suficiente. “Nosotros necesitamos la reinstauración, pero en el barrio”, advierten.

Los robos aquejan al vecindario

Además de lo ya expuesto, a los residentes les preocupan los robos que se están dando entre las 06:00 y 07:00 en moto. Solo la semana pasada, por ejemplo, los habitantes de la calle México fueron testigos de cuatro asaltos bajo esta modalidad.

Para ellos, que señalan a la inseguridad como la principal razón para que los antiguos residentes busquen refugio en las urbanizaciones cerradas del norte, el incremento de robos es causado por la escasa vigilancia y la reducida cantidad de lámparas de alumbrado público en las calles.

Fuente: Diario Expreso

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