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Un guarandeño festejó sus 100 años de edad en Quito

by editor

A sus 100 años, el guarandeño Ángel Floresmilo Ocampo aún recuerda las canciones que cantaba en los carnavales de su tierra. Ya no escucha como en sus buenos años, pero si le piden recitar un verso no duda en afinar la voz y romper el paso del tiempo con las letras que rememoran sus mejores días, los de su juventud. Cantar y trabajar. Esas han sido las características más notables de este centenario hombre nacido en la parroquia de Guanujo. La guitarra y el azadón, sus compañeros de siempre; la alegría y el trabajo, su legado para los que siguen su ejemplo. Toda su vida la dedicó al campo, a sostener a su familia con el sudor de los días bajo el sol. Un agricultor incansable, amante del alba y agradecido del fruto de la tierra, así lo recuerdan sus hijos. José Heraldo, de 60 años, y Segundo Agustín, de 62, se miran con orgullo cuando hablan de su padre. Ellos y el resto de los seis hermanos se turnan para cuidarlo. Don Ángel es viudo y vive en el barrio San Blas, en el sur de Quito. Su esposa, Blanca Santos, falleció en el 2015 a los 88 años. Los dos llegaron hace más de una década a la capital para estar cerca de su familia. “Que papá tenga 100 años es un orgullo. Es un mensaje para cuidar a nuestros padres, para no abandonarlos. Solo tengo palabras de agradecimiento para él”, dice José mientras mira a su padre sentado en la cama.
Segundo agrega que cada noche un hermano se queda con Don Ángel hasta el otro día, por cualquier eventualidad mientras descansa. “Él siempre nos despierta antes de las 06:00. Lo primero que pregunta es ¿qué hora es? y luego se alista para el nuevo día. Mantiene su lucidez”, agrega. En Ecuador, la esperanza de vida se sitúa sobre el umbral de los 75 años. Don Ángel cruzó esa edad en 1993, es decir, dos años después de la creación de la llamada Ley del Anciano. 27 años después, esa norma fue reformada. El pasado 19 de julio del 2018 se aprobó en segundo debate la actual Ley del Adulto Mayor. El nuevo marco legal les reconoce reclamar alimentos a sus parientes, cónyuge o pareja en unión de hecho, a los descendientes hasta el segundo grado de consanguinidad y a los hermanos o hermanas.
Además, se incluyen nuevos derechos específicos como la salud especializada e integral, la vivienda, el trabajo, la educación, la protección social y la seguridad social, entre otros. En la actualidad, en el país hay 1 221 286 personas de 65 años en adelante. Según el Ministerio de Inclusión Social, alrededor de 523 000 están en condiciones de pobreza y 60 000 se encuentran en extrema pobreza. Más allá de la vigencia de la actual normativa, la atención y cuidado de los ‘abuelitos’ siguen siendo una responsabilidad ineludible de las familias. Un buen ejemplo son los Ocampo. Ellos están convencidos que la vida es una bendición y mientras tengan a Don Ángel, un día o 100 años más, agradecer por los consejos y el sacrificio de su padre es algo que no necesita leyes sino vínculos más fuertes, aquellos que nacen en el corazón.

Fuente: El Comercio

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