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Año electoral y situación compleja en el Ecuador

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Editorial

Por: Ab. JONATHAN VANEGAS JIMÉNEZ

Ya iniciado el año 2019, el país no luce buenas perspectivas en ninguno de sus temas trascendentales.  Con una crisis económica que viene de atrás pero que el gobierno actual parece que no hace muchos esfuerzos en superar sino que más bien se refugia en culpar a otros; tomando medidas que afectan, directa o indirectamente, a las grandes mayorías, mientras se privilegia a sectores minoritarios con leyes favorables a sus bolsillos, el pueblo comienza a tener la sensación de que nuevamente ha sido burlado.  De ahí podemos entender la abrupta caída porcentual de la imagen y aprobación del presidente Moreno, quien inició su período con gran popularidad.

El ya trillado argumento de que todos los problemas del país provienen de las acciones tomadas por el gobierno anterior, más allá de ser cierto o no tan cierto, parece que se va agotando junto con la paciencia popular, pues, vamos hacia el segundo año de gobierno sin soluciones contundentes en ninguna de las áreas sensibles del Estado: económica, política, social, de infraestructura, de vivienda; más bien pareciera que se ha decidido castigar duramente a la salud; a la educación; y a la economía de las familias pobres, retomando las ya viejas recetas que tanto dolor han causado: alza del precio de los combustibles; de los servicios básicos; de la canasta básica; todo esto coronado con un aumento irrisorio de solo ocho dólares al salario básico unificado.

Las sensaciones que provocan este cúmulo de malas noticias, abonadas con anuncios de despidos; de rebajas de sueldos en el sector público; y otros muchos temas negativos; y con anuncios de movilizaciones, paros, protestas, como en el pasado de la partidocracia, se entrecruzan de mala manera con las elecciones seccionales que están a las puertas.  En un año electoral como éste, da la sensación de que a propósito se ha llevado al país hacia la discusión de otros problemas para adoptar por debajo decisiones terribles y para que algunos grupos políticos, más que nada los de mayor experiencia politiquera, que han gobernado por décadas, puedan pescar a río revuelto entre los miles de candidatos que se han presentado, comenzando a entretejer una telaraña de poder hacia el 2021.  En este panorama caótico, seguramente los mayores réditos electorales serán para los que más dinero metan en las campañas, y no necesariamente para los mejores candidatos, si es que los hay.

Las elecciones de marzo deberían ser para el Ecuador una fiesta democrática; mas nadie puede hacer fiesta cuando frente a su mesa y a sus hijos e hijas ve con dolor e impotencia que cada día se le hace más difícil, cuando no imposible, llevar un plato de comida. El pueblo hoy ve a los candidatos con desprecio; con dolor o con miedo; hace rato dejó de confiar; y solo irá a votar, seguramente, porque la ley lo obliga.

El gobierno, frente a esta situación, si en verdad quiere ayudar al país, debe tomar correctivos urgentes, pero no parece que quisiera hacerlo. Gobernar es estar consciente de la responsabilidad histórica que se tiene, en este caso, frente a diecisiete millones de ecuatorianos.  Gobierno y candidatos deben asumir su papel e ir más allá del escándalo, de las acusaciones repetitivas, de la política de reality show.  Muestren sus planes y no sus denuncias; hagan públicos sus proyectos y dejen a la justicia que persiga y castigue a quienes deba hacerlo.  De lo contrario, se puede estar gestando el embrión de una no muy lejana revuelta popular, que a nadie favorecería.  No sigamos demostrando que el país nos importa un bledo.  No nos burlemos más del Ecuador.

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