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Guayaquil: Mantienen sus negocios con ansias de ‘más movimiento’ y vuelta de personal cesado por efecto de la pandemia del COVID-19

by editor

El Municipio de Guayaquil aprobó una pausa en el cobro de la tasa de habilitación, como ayuda a emprendedores, dentro del plan de reactivación económica luego de la pandemia del COVID-19.

En este sentido, directivos de los gremios de la producción integran la mesa económica adscrita al Comité de Operaciones de Emergencia (COE) cantonal, que buscan alternativas de crecimiento.

La alcaldesa Cynthia Viteri ha anunciado descuentos en el cobro además de los impuestos prediales para las nuevas empresas que se asienten en la ciudad, durante un periodo de diez años, y para las existentes que levanten infraestructura la jurisdicción.

Antes aprobó la suspensión el cobro de las tasas de turismo y de pernoctación.

Dueños de comercios hablan de su lucha por estabilizarse luego del golpe económico debido a la pandemia del COVID-19.

José Fernando Pinchín, gerente nacional de Ventas de firma Resgasa: Incrementar precios en esta época no tiene sentido

«Hemos tendido que ser más eficientes en la operación, bajar costos desde que empieza la línea de producción, en estos momentos las personas tienen que redoblar esfuerzos para incrementar la productividad.

Incrementar precios no tiene sentido en esta época. El consumidor ha sufrido tanto. A lo largo de esta vía (a Daule) hemos visto que han quebrado empresas. Somos una industria de consumo masivo y ciento por ciento ecuatoriana, no recibimos dinero de afuera, de la franquicia, vimos cómo salir a flote; seis meses de pandemia y seguimos aquí, hemos tratado de recuperar el personal suspendido, incrementando rutas, desarrollando nuevos productos y eso va a crear más fuentes de trabajo. Resgasa tiene 31 años.

El feriado bancario, el terremoto han sido crisis y hemos salido a flote, pero esta de la pandemia es la que más nos ha pegado, porque no había un mercado circulando, no había público en la calle consumiendo, no había demanda, se perdió bastante dinero. Tuvimos que separar personal, pero conforme vamos abriendo rutas vamos contratando». (I)

Lady Rivas, copropietaria del local de porcelanato Elías-Maller: No nos han dejado de visitar nuestros clientes

«El mercado está como queriéndose reactivar, estamos con buena gana, como tenemos la cartera de clientes, ellos no nos han dejado de visitar.

Estuvimos dos meses cerrado, teníamos muchachos a los que se les pagaba por cargada, no era un sueldo. Hemos hecho el esfuerzo de mantenerlos. La mayoría de locales de la calle Machala ha separado personal o estos se han botado. Tengo tres bodegueros, cuatro personas de ventas.

Con los bancos se ha llegado a una conversa para que nos den una pórroga en los pagos, es algo entendible, porque esto es a nivel general.

Gracias a Dios no puedo mentir, nos va bien. El área de la construcción es algo sorprendente porque se supone que tienen que ahorrar dinero, pero a nosotros nos ha ido bien. La cerámica importada está saliendo hartísimo. Con nuestra cartera de clientes, con los años que tenemos en el mercado, 12 años, ya la gente viene derechito. La gente nos recomienda a familia, a conocidos.

Esto es un local de acabados de construcción, en la Machala hay más de 60 locales». (I)

Gloria Saltos, dueña de las tiendas de cosméticos Gloria Saltos: Después de la pandemia esto es borrón y cuenta nueva

«Después de la pandemia ha sido como empezar de nuevo, borrón y cuenta nueva, como en mis inicios, de cero, sin crédito en los bancos.

Fueron tres meses casi sin ventas. Empezamos con deuda encima y yo desmoralizada con tanto caso que pasó entre gente conocida, amigos, familiares, empezar de nuevo fue durísimo. Soy muy católica, yo sé que el querer es poder y que con la bendición de Dios, vamos adelante.

A nuestros clientes le damos esa confianza, ese asesoramiento. Han estado desesperados con la compra de pelones, tintes, eso fue alivio ya cuando estábamos más o menos regularizados. Tenemos personal suspendido. Dios quiera que el 13 (fin del estado de excepción) ya se normalice para continuar como antes.

Tenemos 33 tiendas con la bendición de Dios, que me dio ese don, esa energía para trabajar y generar fuentes de trabajo, tengo la salud que es lo que más le pido a Él.

El banco nos ayudó a refinanciarnos, el interés lo cobró, el capital no lo cobró, nos desfinanció un poco, pero es ayuda de todas maneras». (I)

José Albán, propietario de las ferreterías Crisol: Tenemos que salir adelante, no hay otro camino

«Hay que seguir con fe, estamos en otra normalidad, esto está un poco más lento, pero tenemos que salir adelante, no tenemos otro camino.

Fueron dos meses terribles, cerrados, tengo la ventaja de que mis hijos son jóvenes. Uno está aquí y otro, en la otra ferretería. Un muchacho tuvimos que sacarlo, estamos viendo cómo regresarlo.

El comercio se mueve, pero lento. Los productos que son para mejorar la casa, como la pintura, las lacas, salen lento; pero una grifería, la gente compra la de menor calidad, aunque les dure menos.

Acá tengo más de 30 años, hemos tenido la guerra con el Perú, fue difícil; la dolarización, fue difícil; pero esta vez sí ha sido terrible, desde octubre (en las protestas sociales), abríamos un rato y cerrábamos.

Ya pagamos la patente, han dicho que el próximo año no la pagaríamos, es ayuda. Que demos crédito es difícil, a nosotros sí nos dan, pero hay que andar con mesura. Si me dan $10 000 y no es que se cierre la ciudad, pero si yo enfermo o un hijo, cómo vendemos. Gracias a Dios tuvimos salud en el tiempo del COVID-19″.

Enrique Cruz, dueño de la librería Elsita: La esperanza es el próximo año, este ya está perdido

“Por la categoría de negocio que son los libros, realmente nos ha ido muy mal, en clases se reactiva prácticamente todo, ahorita estamos demasiado bajo, prácticamente estamos subsistiendo, viviendo al día, no avizoro nada bueno hasta el próximo año.
Gracias a Dios algunos proveedores sí entienden la situación, se les está pagando poquito a poquito, a unos les devolví la mercadería, lo poco que pedí, porque gracias a Dios yo siempre pido a fin de año, yo devolví, no se pudo, las ventas han bajado al 70 %.
Me ayuda solo una persona, en temporada escolar vienen mis hijos a trabajar, mi señora me acompaña, ahí se necesitan manos, ahora pasamos sentaditos, pero no todo el día, porque algo se vende.
Vendo libros y útiles escolares, más salen las plumas y lápices de colores. Librería Elsita tiene más de 35 años, era de mi mamá Elsa Moreno (+).
La esperanza es el próximo año, porque este ya está perdido. Nos mantenemos porque uno tiene sus clientes. Ya han cobrado la tasa de habilitación, creo que no el próximo año”. 

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