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Guayaquil: Monigoteros de la calle 6 de Marzo, sin feria, en crisis y con incertidumbre

by editor

Pablo Mero pega, de hoja en hoja, los periódicos al personaje Doki de una serie animada. Comenta que elabora monigotes bajo pedido y en poca cantidad, porque teme no poderlos vender a causa del COVID-19; a mediados de noviembre no sabe si se realizará la tradicional feria de fin de año en la calle 6 de Marzo. Ya el COE cantonal prohibió esa exhibición.

Labora en un taller, bajo el cuarto que alquila, en Capitán Nájera y Huancavilca. Por ese taller paga $ 150 mensuales y a sus ayudantes les cancela $ 15 diarios. Con rostro de decepción dice que espera vender algunos en este fin de año, pues es el único sustento.

A seis cuadras, en 6 de Marzo y Febres Cordero, las familias del Rosario y Alcívar se unieron para alquilar un local en $ 200. Con desilusión pegan hojas sobre los moldes de monigotes y dicen que este mes no han vendido nada. El año pasado, a mediados de noviembre ya había compradores.

Lo que les sucede a Mero y a los Rosario y Alcívar les pasa a cientos de artesanos que fabrican monigotes y los expenden todos los fines de año a lo largo de la calle 6 de Marzo. No hay nada de la tradicional feria, que ya para estos días y en otros años empezaba a volverse intensa hasta llegar a los últimos días de diciembre con la calle cerrada. Hoy hay unos cuantos locales abiertos y pocos artesanos trabajando.

Esta situación también ha permitido visualizar que los monigoteros de la 6 de Marzo no son de la 6 de Marzo, vienen de distintos sectores y alquilan locales, cuartos, portales y patios. Así, la crisis generada por el COVID-19 también ha alcanzado a los dueños de casa, algunos de los cuales no han podido ni cobrar el alquiler.

Diagonal al mercado de las Cuatro Manzanas habita la familia Tuárez en una casa alquilada en $ 100 mensuales. Tienen siete monigotes, hechos bajo pedido. Ellos venden empanadas y el jefe del hogar es taxista informal.

Pegando cartones a los años viejos bajo el sol pasa Jorge Barzola. Produce unos seis monigotes al día para vender en diciembre, pero está desesperanzado por las restricciones. Alquila un espacio en la calle 6 de Marzo y Francisco Segura para elaborar los muñecos de diferentes tallas y paga un arriendo de $ 150 mensuales.

En una acera del mismo sector, Germán VegPese a restricciones, se pide título patrimoniala deja lista una sirena. Alquila un pequeño local por $ 150 mensuales y ya lleva siete meses sin pagar. Vende chuzos y alitas para poder ayudarse financieramente.

El costo y escasez del material, papel periódico, ha afectado también la labor de los artesanos. Arturo Vásquez, de 49 años, dice que las distribuidoras expenden a 40 centavos de dólar el kilo del periódico y en las recicladoras lo venden a 20 centavos la libra.

Alfredo Wong, sin desconcentrarse en preparar la mezcla para pegar los periódicos en los monigotes, dice que está procesando 200 años viejos. Por ahora tiene esperanza de vender para pagar $ 300 al mes de un local situado en las calles Ayacucho y 6 de Marzo. También hace otros trabajos para tener ingresos, tallando con creatividad madera.

La misma realidad viven los miembros de la familia Fernández, que fabrica monigotes en un local alquilado en $ 300 al mes en la calle Cuenca. También Iván Soto está preocupado, pues el año pasado recaudó en ventas de monigotes $ 2.000 que repartió con su familia. Subsiste con trabajos de pintura y letreros publicitarios.

José Cruz con un tono de voz afligido añora al año pasado. “Hay pocos monigotes y todos los artesanos estamos con la incertidumbre de si podremos exhibir o no”, refiere.

Las pérdidas económicas también serán para los comerciantes informales que por cientos se apuestan en la calle, aprovechando la masiva afluencia de compradores.

Los monigoteros de la 6 de Marzo, organizados en una asociación, hicieron un plan para exhibir los muñecos el fin de año. Plantean que se venda en distintos sectores de la ciudad, con protocolos y evitando aglomeraciones. Ese plan debe analizarlo y aprobar el COE cantonal, según Charles Bonilla, presidente del grupo.

Pese a restricciones, se pide título patrimonial

Los creadores pioneros de los monigotes quieren que este oficio y su arte sean reconocidos como patrimonio cultural inmaterial del Ecuador, por la historia y tradición que conlleva. Pese a la suspensión de la feria, tramitan ante el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) la certificación.

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