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No hay que dormirse en los laureles

by Kelvin Jarama

Por: Emilio Ruiz Ortiz

¡Buenos días país!

Si bien es cierto que estamos felices por la actuación de varios deportistas en las olimpiadas de Tokio, el panorama de la actividad física ecuatoriana no es del todo alentador, tras varios años de escándalos atribuidos a pésimos dirigentes y funcionarios gubernamentales permisivos y hasta cómplices de éstos.

Una prueba de ello lo vivimos en el 2013 cuando fueron defenestrados dirigentes honestos a los que consideraban un obstáculo a los innobles intereses de quienes se creyeron los “reyes”, en una época en la que surgieron dueños de centros turísticos, casas deportivas y gran variedad de negocios escondidos tras el velo societario.

Enhorabuena, la casi totalidad de toda esta gente ya no fungen de dirigentes, porque están dedicados a sus negocios disfrutando de las rentas y sin perder la esperanza de que pronto los canonicen en un país proclive a la impunidad.

Luego de ese pasado vergonzoso los ecuatorianos recibimos con mucha expectativa la expedición de la actual Ley de deportes, pensando en que se promovería el gran cambio y la transparencia. Que se fortalecerían y democratizarían los organismos deportivos. Que el Estado dotaría de mayores recursos al deporte formativo y al alto rendimiento, y que los deportistas serian los mayores beneficiarios.

Es decir, todo ello daba para soñar, más aún cuando el mandatario de la revolución ciudadana resolvió crear el Ministerio del Deporte, sin imaginar que éste se inauguraría con escandalosos casos de corrupción que hoy se ventilan en los tribunales de justicia. Lamentablemente, varios de los nuevos ministros aportaron muy poco al deporte ecuatoriano, pese a disponer de ingentes recursos y confesar sus buenas intenciones. Algunos pensaron que por haber practicado el deporte era lo más importante para ser ministro en un área tradicionalmente conflictiva que demanda liderazgo, capacidad administrativa y técnica.

Sin embargo, la improvisación agravada por la discrecionalidad reinante en esos ministerios es lo que no dejó que el deporte nacional tomara el rumbo correcto y logre avanzar un poco más allá de las medallas que en ese tiempo nos regaló el solitario y casi olvidado marchista cuencano JEFFERSON PÉREZ QUEZADA. Con todo lo logrado ahora en Tokio, ojalá que nuestros deportistas obliguen al nuevo Gobierno, a cambiar la Ley con la que puedan sobresalir dignamente.  

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