Home Cultura La independencia de Guayaquil selló el comienzo de la guerra de independencia de la Real Audiencia de Quito.

La independencia de Guayaquil selló el comienzo de la guerra de independencia de la Real Audiencia de Quito.

by Jaime De La Cruz

El 9 de octubre es una de las fechas importantes de Ecuador. Ese día en 1820 cuando un grupo de patriotas liderados por el poeta guayaquileño José Joaquín de Olmedo y por José de Villamil, pusieron fin al dominio de la corona española en la ciudad de Guayaquil. La revolución pronto se amplió a toda la provincia de Guayaquil, un territorio de 53.000 km² que entonces comprendía lo que hoy es Guayas, Santa Elena, Manabí, Los Ríos, El Oro, Cañar, así como parte de Esmeraldas y Tumbes.

La independencia de Guayaquil selló el inicio de la guerra de independencia de la Real Audiencia de Quito -hoy llamada República del Ecuador- como parte de las guerras emancipadoras de Hispanoamérica.

Esta jornada histórica no fue tan espontánea. En aquel entonces había descontento entre varios militares y ciudadanos por el manejo de la provincia de Guayaquil por parte de los hispánicos. Villamil se encargó de pregonar las ideas libertarias y sumar adeptos a la causa. La emancipación quedó pactada durante una fiesta que Isabelita Morlás -hija de Pedro Morlás, tesorero de Hacienda- organizó la noche del 1 de octubre en la casa de Villamil.

A la fiesta llegaron José de Antepara, Luis Fernando Vivero, Vicente Ramón Roca, Gregorio Escobedo, así como los militares venezolanos Luis Urdaneta, León de Febres Cordero y Miguel de Letamendi, que estaban de paso por Guayaquil al ser separados del Batallón Numancia por sus ideales independentistas.

Mientras la fiesta se desarrollaba con normalidad en el salón principal del inmueble, en uno de los cuartos los patriotas estaban concentrados planificando la revuelta. Este encuentro fue catalogado como la Fragua de Vulcano por José de Antepara, haciendo referencia al dios romano del fuego y del metal.

Olmedo entonces estaba siendo observado de cerca por las fuerzas realistas debido a sus ideales independentistas, por lo que evitó ir a la reunión para no levantar sospechas sobre la causa libertaria. No obstante, el jueves 5 los patriotas se reunieron en la casa del poeta para consolidar el plan emancipador.

El sábado 7 se esparcieron rumores de que el gobernador Juan Pascual Vivero había descubierto la revolución. A pesar de las dudas de ciertos participantes, Febres Cordero los animó para seguir con el plan.

Para el domingo 8, el gobernador Vivero ordenó a los granaderos el patrullaje sobre el malecón. Luego de los controles volvieron a los cuarteles. Cerca de las 20:00, Febres Cordero y Damián Nájera, perteneciente a la Brigada de Artillería, acudieron al cuartel de la brigada, ubicada en el antiguo edificio Crillón, en la actual plaza de la Administración. Los casi 250 efectivos del sitio se sumaron a esta causa.

Dos horas después, los insurgentes se tomaron el cuartel de los Granaderos de Reserva, ubicado en las actuales avenida Malecón y 10 de agosto, y también los bajos de la entonces Casa Consistorial, que era la sede del cabildo local.

Urdaneta y Antepara se tomaron la Batería de las Cruces, en el sur de la ciudad. Luego acudieron hacia el cuartel de la Escuadra Daule, en el que murió, entre otros, Joaquín Magallar, jefe del batallón.

Al borde de la medianoche, los patriotas apresaron a Benito García del Barrio, comandante de los Granaderos de Reserva, el batallón más numeroso acantonado en la ciudad. Las tropas se tomaron la vivienda de este jefe militar, en el predio donde hoy se asienta la Biblioteca Municipal, en 10 de Agosto y Pedro Carbo.

Cerca de las 04:00, los revolucionarios se apoderaron del Fortín de la Planchada. A esa hora, el gobernador Vivero ya había sido apresado. Los demás jefes militares de la provincia se entregaron.

Al brillar la aurora gloriosa del 9 de Octubre de 1820, los patriotas gritaron que Guayaquil era libre de, Reino de España.

A las 10:00 se conformó una Junta de Gobierno, compuesta por Gregorio Escobedo, Vicente Espantoso y Rafael Ximena. Entonces fue enarbolada la bandera de Guayaquil independiente, compuesta de cinco franjas horizontales, tres azules, dos blancas y tres estrellas en el centro, fue enarbolada.

Los patriotas se reunieron en la Casa Consistorial y firmaron el Acta de Independencia. Olmedo aceptó el cargo de gobernador civil de la plaza. Días después, él fue nombrado jefe político y Escobedo, comandante militar.

La independencia pronto se extendió a otros pueblos de la provincia, como Samborondón (10 de octubre), Daule (11 de octubre), Naranjal (15 de octubre). Finalmente, el 8 de noviembre de 1820, 57 representantes de todos los pueblos que conformaban la provincia de Guayaquil fueron convocados a Casa Consistorial -donde actualmente se encuentra el Palacio Municipal de Guayaquil- para la proclamación del nuevo estado libre conocido como Provincia Libre de Guayaquil. Olmedo fue electo presidente y se dictó el Reglamento Provisorio de Gobierno a modo constitución.

El presidente de la provincia enseguida ordenó la creación de la División Protectora de Quito, ejército encargado de la seguridad de la Provincia Libre de Guayaquil y de independizar a los demás pueblos que conformaban la Real Audiencia de Quito, entre estos Cuenca y Quito, un proceso que se concretó el 24 de mayo de 1822 con la Batalla del Pichincha.

Foto: Cortesía

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