Home Política 2024: El año que tendrá tres meses

2024: El año que tendrá tres meses

by Kevin Jarama

Por: Ramiro Aguilar Torres.

En un sentido muy amplio, dice Norberto Bobbio, el contractualismo: “comprende todas aquellas teorías políticas que ven el origen de la sociedad y el fundamento del poder político (el cual será progresivamente llamado potestas, imperium, gobierno, soberanía, estado) en un contrato, es decir en un acuerdo tácito o expreso entre varios individuos, acuerdo que significaría el fin de un estado de naturaleza y el inicio del estado social y político”.  

En otras palabras, el Estado surge por acuerdo entre los individuos para cumplir ´tres propósitos específicos: a. organización; b. seguridad; y c. calidad de vida.  Imaginemos un estado de naturaleza primitivo dónde el más fuerte puede matar al débil o dónde la desorganización es tal que los núcleos familiares agrupados en clanes, no pueden obtener alimento ni defenderse de otros clanes. Desde luego, organización, seguridad y protección, dan una mejor vida al individuo que la supervivencia en solitario.  

Toda esta introducción refleja una verdad absoluta: el Estado no es prescindible ni carece de objetivos. Ahora bien, para cumplir esos objetivos el Estado necesita recursos. ¿De dónde obtiene los recursos? Pues solo tiene dos fuentes: impuestos, y venta de bienes y servicios. El impuesto más importante es el que grava la Renta individual; y el impuesto más líquido es el IVA, es decir el que se cobra en cada transacción comercial. Pocos Estados tienen la suerte de vender bienes propios, esto solo ocurre básicamente en aquellos que pueden exportar recursos naturales públicos como el petróleo. Por regla general, el Estado no tiene bienes que vender. En materia de servicios, el Estado vende electricidad, agua, comunicaciones (obviamente en aquellos países donde estos servicios no se encuentran privatizados). Si todo está privatizado, la única fuente de financiamiento del Estado, son los impuestos. 

Como ustedes pueden apreciar, para que haya Renta, IVA y aranceles (impuestos a las importaciones) debe colocarse en el otro lado de la ecuación al sector privado. Es decir, al conjunto de individuos que han decidido asociarse en un Estado. Estos individuos, denominados ciudadanos, para que puedan tener renta y puedan consumir, deben tener una fuente de ingreso. Esa fuente universal de ingreso se llama salario y es consecuencia del trabajo.

Resumamos: el Estado tiene recursos siempre y cuando sus ciudadanos generen recursos para pagar impuestos. Si no hay equilibro en estas cifras, se produce un déficit, es decir un faltante. Y ese déficit solamente puede financiarse si alguien presta dinero al Estado; lo que complica un poco la ecuación pues el Estado, además de necesitar recursos para financiar su función, necesita recursos para pagar el capital e interés de lo que debe.

He tratado de sintetizar la máximo la ecuación que es el fundamento de las relaciones económicas capitalistas. El Ecuador vive económicamente enfermo porque esta ecuación se rompió.

El quiebre se produce primero porque un grupo de gente perversa ha desacreditado el contrato social. Es decir, puso en duda la razón de ser del Estado. Afirman que el Estado no debe existir o debe ser reducido a su mínima expresión. Se olvidaron de decir quién va a proveer los servicios de seguridad, educación, salud, justicia, y la propia administración pública, que es la que organiza y planifica la sociedad. La segunda razón del desmadre ecuatoriano es que el sector privado no paga impuestos suficientes, ya sea por la evasión de los actores económicos con más recursos o por la falta de trabajo que hace que mucha gente no llegue a la base imponible, no consuma y por tanto baje la recaudación del IVA. A esto hay que sumar contrabando y la falta de pago de aranceles. Así, nunca va a cuadrar la ecuación. Por eso el endeudamiento año tras año es alto, lo que aumenta el desmadre porque lo poco que entra al Estado debe servir para pagar la deuda.

Desfilan los presidentes y el drama sigue y empeora. Ahora el actor que encarna al personaje del presidente de la República tiene otro nombre: Daniel Noboa. A él le toca administrar el desastre endémico que es la economía ecuatoriana.  No puede vender más petróleo; no va a poder recaudar más impuestos; y para colmo, ha perdonado a los evasores, quienes pagarán lo justo hasta esperar la próxima amnistía tributaria. 

¿Qué le queda?

No le queda más que seguir administrando un Estado con servicios cada vez más malos; sin inversión pública; sin mejorar salud, seguridad, justicia, educación, etc.  No le queda más que buscar quién preste dinero, lo cual es complicado porque nadie presta para gasto corriente. Tendrá a corto plazo una sola opción: el subir el costo de combustibles, electricidad, agua, telefonía.

Por eso pensé que en su proyecto de país iba a privilegiar la recaudación de verdad, creando impuestos a los grandes patrimonios, al sistema financiero y a los que han sacado capitales del país. No lo hizo. Se quedó enredado en la amnistía tributaria que es beneficiosa para el grupo Noboa y los otros grupos donde se concentra la riqueza del país; pero que al Estado no le sirve de mucho. No trajo las reservas, no creó impuestos a los ricos, no perdonó a ninguna pequeña o mediana empresa. Su empleo joven es, también, retórica barata.

Es casi imposible que Daniel Noboa eluda el paquetazo económico más allá del primer trimestre del próximo año. La reforma tributaria, las zonas francas, la alianza público privada, etc., todo eso es retórica barata. Al final nos veremos frente a un mega ajuste. Eso complicará más la situación de seguridad, desempleo y migración. El nombre de la adicción que nos tiene agonizando se llama neoliberalismo; y el joven Noboa no quiere rehabilitarse ni rehabilitar al país. Si no pasa algo esperanzador y extraordinario, el 2024 para el gobierno de Noboa, tendrá tres meses.

Columnista invitado

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