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La pendiente resbaladiza de la Eutanasia

by Kevin Jarama

Ecuador dio luz verde a la eutanasia este miércoles 07 de febrero del 2024 con lo que se convirtió en el segundo país latinoamericano en despenalizar el procedimiento después de Colombia, a raíz del caso de Paola Roldán, de 43 años, que sufre esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad degenerativa y dolorosa.

Roldán interpuso una demanda en agosto de 2023, contra el artículo 144 del código penal ecuatoriano, que considera el procedimiento como un homicidio y prevé una pena de prisión de entre 10 y 13 años.

Con siete votos a favor de sus nueve magistrados, la Corte Constitucional abrió la puerta para que los médicos puedan ayudar a morir a un enfermo sin ir a la cárcel. La sanción por homicidio “no podrá aplicarse al médico que realiza un procedimiento de eutanasia activa en aras de preservar los derechos de una vida digna y al libre desarrollo de la personalidad del paciente”, señaló el máximo tribunal constitucional en un comunicado.

“Varias veces pensé que no lograría ver los frutos de esta demanda, como quien planta un árbol para que alguien más se siente bajo su sombra”, dijo Roldán el viernes 3 de febrero también por X, tras conocerse que su solicitud estaba en la etapa final del análisis.

En América Latina, solo Colombia despenalizó la eutanasia, en 1997. Los parlamentos de Uruguay y Chile discuten proyectos al respecto, mientras que en México existe la llamada ley del “buen morir”, que autoriza al paciente o su familia a solicitar que la vida no sea prolongada por medios artificiales.

Hasta ahora la eutanasia se ve como hechos aislados en Latinoamérica, al contrario de Europa donde es común la muerte asistida. Estudios señalan que en los países donde han legalizado la eutanasia, los casos se han disparado en los últimos años. Muestra de ello es Holanda que pasó de 1.815 notificaciones en 2003 a 7.666 en 2021, mientras que en Bélgica aumentaron de 235 a 2.699 en el mismo periodo. En Canadá, que legalizó la eutanasia en junio de 2016, el número de casos pasó de 1.018 a 7.595 en solo cuatro años.

Un estudio de 2007 de la Universidad de Bruselas reveló que el 45 % de los casos de eutanasia en Bélgica se habían realizado sin petición expresa, casi siempre por orden del médico. «Al administrar los fármacos para acabar con la vida en algunos de los casos de eutanasia, y en casi la mitad de los casos sin una solicitud explícita del paciente, las enfermeras de nuestro estudio operaron más allá de los márgenes legales de su profesión», concluía el informe.

En Holanda, según datos de 2015, se practicaron eutanasias a 431 personas «sin petición expresa». De hecho, en 2017, el neurólogo Ludo Vanodenbosch, miembro de la Comisión Federal para el Control y Evaluación de la Eutanasia, dimitió de su cargo porque no quería «formar parte de un comité que viola deliberadamente la ley». Vanopdenbosch, quien se declaraba expresamente partidario de la eutanasia, presentó su renuncia después de varios casos en los que denunció haber sido silenciado y acusó a varios de sus colegas de encubrirse unos a otros bajo una legislación que está “fuera de control”.

Varios expertos han señalado que esto es una consecuencia de la llamada “pendiente resbaladiza” de la eutanasia; cuando se requieren requisitos, generalmente exigentes, para este proceso que con el tiempo se van suavizando hasta prácticamente ser admitidos todos los casos.

Los partidarios y defensores de la eutanasia niegan este fenómeno pero cada vez mas son los casos expuestos. Bert Keizer, escritor y geriatra holandés, explicaba en la revista de la Asociación Médica Holandesa que con cada límite que nos ponemos, existe la posibilidad de cruzarlo, “el aborto una vez no estaba permitido, luego casi nunca, luego hasta las 12 semanas y ahora incluso hasta las 20 semanas. Ese ‘incluso’ lo dice todo. Algo similar está ahora en marcha en el campo de la investigación con embriones humanos, donde estamos comenzando a dejar la etapa del nunca”.

“Empezamos con los enfermos terminales, pero también entre los enfermos crónicos resultó ser un sufrimiento insoportable y sin esperanza. Posteriormente, personas con demencia incipiente, pacientes psiquiátricos, personas con demencia avanzada, ancianos que lucharon con una acumulación de quejas de la vejez y finalmente ancianos que, aunque no padecen una enfermedad incapacitante o limitante, encuentran que su vida ya no tiene contenido. El desafortunado término ‘vida completa’ se utilizó para el problema del último grupo”, añadió.

Con el pasar de los años, se evidencia que los países donde se legalizó la eutanasia han ido paulatinamente permitiendo a enfermos que no están en situación terminal, enfermos psiquiátricos, menores de edad, ancianos o personas que simplemente ya no quieren continuar con su vida, acogerse al deseo de morir con asistencia médica.

Estudios realizados en la ultimas dos décadas demuestran que en sus iniciaos se propone su legalización y en etapas iniciales se somete a procedimientos rigurosos para acogerse a este derecho pero se ha puesto en evidencia que en medida de su normalización, la legislación se ha suavizado, llegando incluso a que se practique sin una petición expresa por parte de los pacientes, es decir, la eutanasia involuntaria.

Cuando se habla de “slippery slope” o “pendiente resbaladiza”, se teme por la posibilidad de que pueda ser utilizada por cualquier persona, aunque no se encuentre en la fase terminal de una enfermedad. Es decir, que se realice a petición de pacientes no terminales, con enfermedad psiquiátricas, neurodegenerativas, menores de edad, neonatos, adultos mayores o personas con ideas suicidas. Teniendo en cuenta que este grupo vulnerable no esta en posición de tomar una decisiones de tanto impacto y que necesitan asistencia médica.

Se considera que el peor de los casos se da cuando el paciente no da la autorización. Es decir, se da bajo petición de otra persona. En efecto, en un trabajo publicado en 2005, en el que se valora lo ocurrido en Holanda tras la legalización de la eutanasia, se constata que de todas las muertes que se producen en ese país, el 1.7% se han debido a actos eutanásicos, de los cuales el 0.4% se han llevado a cabo sin petición expresa de los pacientes, es decir, han sido involuntarias. Este porcentaje se incrementó en 2001 hasta el 0.7%.

En 2009, siete años después de que se legalizara, se expuso otro artículo, en el que se incluían datos de 1.690 pacientes a los que se les había practicado la eutanasia, en el que se consta que al 1.4% se les aplicó sin su petición. Un año más tarde, se publicaba en “The Lancet” un artículo sobre las practicas eutanásicas en pacientes terminales holandeses, que constata que las muertes por eutanasia o suicidio asistido, sin petición expresa de los pacientes oscilaba en ese país entre el 0.2% y el 0.8%.

En Bélgica, el Journal of Medical Ethics, mostró que en 2015, en los pacientes de 80 años o más, el porcentaje de eutanasias involuntarias se elevó al 52.7 %, pero en aquellos pacientes con enfermedades distintas al cáncer este porcentaje llegó hasta el 67.5 %.

Como evidencia del aumento de casos de muerte asistida en personas vulnerables, surge en el 2013 la categoría “Acumulación de enfermedades propias de la vejez”, misma que no brinda tantas explicaciones sobre los motivos por los que se la incluye. En el informe de ese año se afirma que no se requiere que la condición médica que habilita la eutanasia sea amenazante para la vida y “múltiples síndromes geriátricos pueden causar un sufrimiento intolerable sin perspectiva de mejoría”. En dicho informe se incluye el caso de un paciente mayor de 90 años, que tenía sordera severa, dificultades para la visión como consecuencia de una degeneración macular y osteoartritis. Fue perdiendo la movilidad y se volvió “excesivamente dependiente de los demás”. Sentía que su vida era “vacía e inútil”. Entonces, se consideró su pedido de eutanasia como habilitado legalmente.
En el Código de Eutanasia 2018 se explica: “Si un paciente quiere ser considerado para la eutanasia, su sufrimiento
tiene que tener un fundamento médico. Pero no es necesario que padezca una enfermedad que amenace a su vida.
También una acumulación de enfermedades propias de la vejez, como alteraciones visuales, alteraciones auditivas,
osteoporosis, artrosis, problemas de equilibrio, deterioro cognitivo, pueden ser motivo para un sufrimiento
insoportable y sin perspectivas de mejora. De esta forma se diferencian, por ejemplo, una acumulación de enfermedades generalmente degenerativas, lo que se denomina ‘vida agotada’, al menos porque con esta última expresión se hace referencia a un sufrimiento sin fundamento médico, dejando en evidencia la famosa “pendiente resbaladiza”

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