La Leva, una moneda en circulación desde finales del siglo XIX, es cosa del pasado en Bulgaria, una vez este pequeño Estado balcánico, de 6,4 millones de habitantes, se convirtió, desde el jueves 01 de enero de este año, en el 21º país de la eurozona en adoptar el euro, culminando así un proceso iniciado formalmente en 2015.
«La introducción del euro es el último paso para la integración de Bulgaria en la Unión Europea», declaró el presidente Rumen Radev en su discurso televisado unos minutos antes de medianoche.
La decisión llega tras el visto bueno de la Comisión Europea y del Banco Central Europeo, que certificaron que, esta vez, el país balcánico sí cumplía con los criterios de estabilidad de precios, déficit y deuda pública necesarios para entrar a formar parte de la eurozona.
Sin embargo, la adaptación del euro en Bulgaria se da en medio de una profunda crisis política interna, ya que está cerca de celebrar las octavas elecciones legislativas en cinco años, sin presupuestos aprobados para 2026 y con una sociedad dividida sobre los beneficios y riesgos de la moneda única.
Según el último Eurobarómetro, el 49% de los búlgaros se opone a la adopción de la moneda común, un porcentaje elevado para un Estado miembro que ha mantenido durante décadas un tipo de cambio fijo con el euro.
Pese a ello, los dirigentes búlgaros intentan tranquilizar y prometen que la entrada a la eurozona permitirá dinamizar la economía del país y lo protegerá de la influencia rusa.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, aseguró que el euro aportará beneficios concretos a los ciudadanos y a las empresas búlgaras.
«Facilitará los viajes y la vida en el extranjero, reforzará la transparencia y la competitividad de los mercados y facilitará los intercambios», añadió en un comunicado.
Las nuevas monedas búlgaras muestran las doce estrellas de la bandera europea y figuras destacadas de la historia nacional de la nación balcánica.
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