Gobiernos europeos y asiáticos responden con cautela al plan impulsado por Donald Trump para escoltar buques en la estratégica vía petrolera.
La propuesta del presidente estadounidense Donald Trump de crear una coalición internacional que escolte buques en el Estrecho de Ormuz ha generado reacciones cautelosas entre varios de sus aliados. El plan surge en medio de la escalada militar entre Israel e Irán y busca garantizar el tránsito por esta ruta marítima clave para el comercio energético mundial, por donde circula cerca del 20 % del petróleo global. Washington pidió a gobiernos europeos y asiáticos contribuir con fuerzas navales ante el bloqueo iraní del paso.
La respuesta internacional al llamado de ayuda
Desde la administración estadounidense se defendió la necesidad de una respuesta coordinada. El embajador ante la Organización de las Naciones Unidas, Mike Waltz, afirmó en declaraciones a CNN que el objetivo es evitar que Irán utilice el estrecho como herramienta de presión económica. Según sostuvo, países cuyas economías dependen del suministro energético del Golfo deberían involucrarse para proteger las rutas marítimas y garantizar la estabilidad del comercio internacional.
No obstante, varios gobiernos europeos han tomado distancia de la iniciativa. Alemania descartó enviar fuerzas navales y el ministro de Exteriores, Johann Wadephul, insistió en que su país no participará en una confrontación militar. En el Reino Unido, el primer ministro Keir Starmer también rechazó que una eventual operación para reabrir la vía marítima sea realizada bajo el paraguas de la NATO. Londres señaló que trabaja con socios europeos en un plan conjunto para restablecer la navegación, pero aclaró que no permitirá que el país sea arrastrado a una guerra más amplia en Oriente Medio.
La posición británica se suma a las reservas expresadas por otras potencias occidentales. Francia confirmó que su grupo naval encabezado por el portaaviones Charles de Gaulle permanecerá en el Mediterráneo oriental, mientras que Japón ha señalado que evaluará cualquier decisión con extrema cautela. Las respuestas de los aliados evidencian las dificultades para articular una respuesta internacional unificada frente a la crisis en el estrecho de Ormuz, en un contexto de creciente tensión regional y temores por el impacto en los mercados energéticos globales.
