El hambre aguda se ha duplicado en una década, con dos hambrunas declaradas el año pasado, un hecho sin precedentes en la historia del informe publicado por un consorcio que incluye a la ONU, la Unión Europea y ONG.
Según la Red Mundial contra las Crisis Alimentarias, Afganistán, Bangladés, República Democrática del Congo, Myanmar, Nigeria, Pakistán, Sudán del Sur, Sudán, Siria y Yemen albergan a dos tercios de las personas que sufren hambre aguda.
Entre ellos, Afganistán, Sudán del Sur, Sudán y Yemen registran las peores crisis, tanto en términos de proporción como de número total de personas afectadas.
“Los conflictos siguen siendo la principal causa de inseguridad alimentaria aguda y malnutrición para millones de personas en todo el mundo, y en el mismo año estallaron hambrunas totales en dos zonas afectadas por conflictos, una situación sin precedentes”, declaró el secretario General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), António Guterres, en el prólogo del informe.
El Sistema de Clasificación de la Seguridad Alimentaria (IPC) identificó hambrunas en 2025 en Gaza y en ciertas regiones de Sudán, algo inédito desde el inicio de estos informes. Esta situación subraya el agravamiento del hambre y la malnutrición, causadas principalmente por conflictos, restricciones al acceso humanitario y desplazamientos forzados.
En total, 266 millones de personas en 47 países sufrieron inseguridad alimentaria aguda el año pasado, casi el 23% de la población analizada. Esta proporción es ligeramente superior a la del año anterior y casi el doble que en 2016.
La gravedad del hambre alcanzó su segundo nivel más alto de la historia, con un número de personas en situación de hambre catastrófica (fase 5 del IPC) nueve veces superior al de 2016.
Al mismo tiempo, la malnutrición aguda sigue siendo un problema crítico y cada vez más preocupante. Solo en 2025, 35,5 millones de niños padecían malnutrición aguda, de los cuales casi 10 millones sufrían malnutrición grave.
Casi la mitad de las crisis alimentarias también estuvieron acompañadas de crisis nutricionales, caracterizadas por una alimentación insuficiente, enfermedades y el colapso de servicios esenciales. En regiones como Gaza, Myanmar, Sudán del Sur y Sudán, estos factores provocaron niveles extremos de malnutrición y un alto riesgo de mortalidad.
“No se trata de una escasez de alimentos, sino de una falta de voluntad política para garantizar que los niños, en todo el mundo, tengan acceso a una alimentación básica. En un mundo de abundancia, no hay razón para que un niño sufra o muera por malnutrición”, declaró Catherine Russell, directora del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).
El informe advierte que la inseguridad alimentaria aguda seguirá siendo crítica en 2026, agravada por conflictos, la variabilidad climática y la incertidumbre económica global, especialmente los riesgos en los mercados alimentarios.
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