Este 29 de mayo de 2025, Ecuador revive la memoria de la movilización estudiantil de 1969, un hito histórico que inspiró a una nueva generación de jóvenes a exigir sus derechos. Ese mismo día, hace 56 años, estudiantes de Guayaquil y Quito sufrieron la represión del gobierno de José María Velasco Ibarra tras protestar contra el examen de admisión a la universidad y la precariedad del sistema educativo. La represión culminó con la ocupación de la antigua sede de la Universidad de Guayaquil, Casona Universitaria Pedro Carbo, y terminó en tragedia: 30 muertos, 140 heridos y cientos de detenidos y torturados.
Desde entonces, el 29 de mayo se celebra el Día Nacional del Estudiante Ecuatoriano, no solo para honrar a los caídos, sino también como símbolo de resistencia y lucha por un país más justo. En 2025, la fecha cobra aún más importancia ante los alarmantes datos publicados por el Ministerio de Educación: 400.000 candidatos compiten por tan solo 136.000 plazas en la educación superior. La frustración crece entre los jóvenes que, a pesar de graduarse de la secundaria, no encuentran oportunidades reales de acceso a las universidades públicas.
En la Universidad de Guayaquil, el espíritu de movilización renace con fuerza. Líderes como Gabriela Montero, estudiante de Medicina; Malena Añazco, estudiante de Tecnología Médica; y Michael Tomalá, dirigente de ClubUG, estudiante de Comunicación, lideran protestas contra los recortes presupuestarios y la gestión que se da en la asignación de cupos. También denuncian casos de acoso dentro de la institución y exigen acciones concretas para garantizar la igualdad de acceso a las plazas y condiciones dignas para que los estudiantes permanezcan en la universidad.
Estos líderes se han convertido en referentes para la juventud universitaria, haciendo eco del legado de los estudiantes de 1969. Líderes de otras universidades indican que no luchan solo por ellos, sino por todos aquellos que fueron silenciados antes y por quienes aún no pueden estudiar. Pancartas, flores y discursos conforman el escenario de recuerdo y protesta, mientras profesores y familiares de las víctimas históricas siguen los acontecimientos con emoción.
El contraste entre el pasado y el presente se hace inevitable. Al igual que hace más de cinco décadas, los jóvenes se enfrentan a un sistema excluyente y a un Estado que invierte poco en educación, pero que nunca duda en recurrir a la represión. Organizaciones estudiantiles de todo el país convocan a manifestaciones para exigir un aumento del presupuesto educativo, un aumento del número de plazas y la implementación de políticas públicas que garanticen el derecho a la educación para todos, especialmente para los más vulnerables.
Asimismo, se informa que la actual dirigencia de la FEUE (Federación de Estudiantes Universitarios Del Ecuador), encabezada por Carlos Coello Palacios, no cumple con los roles históricos de lucha, participación, activismo y ayudas para la comunidad universitaria; lo señalan de acogerse a los lineamientos planteados por el docente y exconcejal socialcristiano, Manuel Samaniego, quien fue denunciado por amenazar y sobornar a los miembros del Consejo Universitario de la Universidad de Guayaquil en 2018.
De este modo, la fecha se corresponde no solo como una conmemorativa, sino como un grito colectivo que resuena en los pasillos de las universidades y en las calles del país. El recuerdo de quienes cayeron en 1969 permanece vivo, no como un lamento aislado, sino como un llamado a la acción. Hoy en Ecuador, los estudiantes siguen en primera línea, transformando el duelo en lucha y escribiendo con valentía nuevos capítulos en la historia educativa del país.
