Este lunes, el alcalde de Guayaquil, Aquiles Alvarez, hizo un llamado solemne: sin una estrecha colaboración entre la ciudad y el gobierno, Guayaquil corre el riesgo de convertirse en un «pueblo fantasma». Esta declaración surge tras la explosión que sacudió el corazón comercial de La Bahía hace una semana, conmocionando a la ciudadanía.
Alvarez visitó el lugar y conversó con los comerciantes, presentándoles las obras de reconstrucción: el 90% de las unidades dañadas ya están operativas. Propone que se disponga de recursos municipales, incluyendo videovigilancia y agentes, para reforzar la seguridad pública.
Sin embargo, la gobernadora del Guayas, Zaida Rovira, rechazó la invitación de Aquiles: «No tengo tiempo para té», dijo, enfatizando que prefiere enfocarse en acciones concretas y delegar responsabilidades a cada institución.
Desde el reciente atentado explosivo, la representante del Ejecutivo en la provincia ha mostrado sus propias iniciativas: Rovira y el ministro de Gobierno De la Gasca inspeccionaron la zona, prometieron monitoreo regular y reafirmaron que el control de los espacios públicos es responsabilidad del Municipio.
En respuesta, Alvarez advirtió que sin sinergia, la delincuencia se convertiría en un problema permanente en las calles de Guayaquil. Ante la escalada de las tensiones políticas, los guayaquileños siguen preocupados. Esperan acciones concretas acordes con los riesgos de seguridad, al margen de los debates institucionales, para restablecer la confianza y garantizar la protección de los ciudadanos.
