Home EconomíaHongo Fusarium R4T compromete la estabilidad de pequeños bananeros en El Oro

Hongo Fusarium R4T compromete la estabilidad de pequeños bananeros en El Oro

by Ecuador En Directo

Los exportadores de banano sostienen que Ecuador cuenta con la preparación necesaria para enfrentar el hongo Fusarium R4T. Sin embargo, pequeños productores de la provincia de El Oro aseguran que la mayoría no está lista, lo que genera preocupación en el sector.

En El Oro, donde se confirmó la presencia del patógeno en cultivos de banano, los agricultores advierten que la falta de preparación puede provocar incertidumbre. Segundo Solano, presidente de la Asociación de Bananeros de la provincia, afirma que la mayoría de productores “está a la deriva” y pide que los recursos se destinen principalmente a pequeños y medianos agricultores, quienes considera los más vulnerables.

Solano también cuestiona la transparencia del Gobierno respecto a los análisis que confirmaron la presencia del hongo en una finca de Santa Rosa, fronteriza con Perú, país que ya había reportado casos en 2022. Según él, hubo hermetismo por parte del Ministerio de Agricultura y de Agrocalidad, pues durante meses se habló solo de sospechas sin confirmar oficialmente la situación.

Agrocalidad ha señalado que existen 88 plantaciones que podrían estar en riesgo. El Fusarium R4T afecta las raíces del banano, bloquea su sistema vascular y provoca marchitez, impidiendo que la planta reciba agua y nutrientes. La FAO lo considera la mayor amenaza mundial para la producción de esta fruta, ya que puede permanecer activo en el suelo durante décadas.

La primera alerta en Ecuador se dio en septiembre de 2025. Los resultados de laboratorio enviados a Sudáfrica tardaron más de dos meses en llegar y finalmente fueron recibidos en diciembre. Tras ello, el Gobierno declaró la emergencia fitosanitaria y destinó 4,5 millones de dólares para reforzar medidas de bioseguridad.

Para los exportadores, el país sí está preparado. José Antonio Hidalgo, director de la Asociación de Exportadores de Banano (AEBE), recuerda que desde 2021 se establecieron protocolos y vigilancia específica contra el Fusarium. No obstante, advierte que la verdadera preparación depende de la capacidad de ejecutar estrategias combinadas: contención inmediata, disciplina en bioseguridad y pruebas con materiales resistentes.

Auditorías realizadas a más de 1.500 productores revelan que los pequeños cumplen apenas un 33% de las medidas de bioseguridad y solo un 7% de manera estricta, lo que refleja una vulnerabilidad significativa. Además, la exposición territorial varía: 37% en El Oro, 30% en Los Ríos y 40% en Guayas.

Aunque el hongo solo se ha confirmado en una finca de cinco hectáreas, Agrocalidad advierte que hay decenas de plantaciones cercanas en riesgo. Desde la primera alerta, se activó el Comité Nacional de Fusarium R4T, que ha trabajado en normativa, financiamiento, comunicación y capacitación. Brigadas de bioseguridad han llegado a 700 productores y más de 1.500 han recibido formación en detección temprana y protocolos de manejo.

En Ecuador existen unos 16.000 productores de banano y 350.000 hectáreas cultivadas. Solo en El Oro se concentran 3.500 productores y 42.000 hectáreas. Richard Salazar, director de Acorbanec, señala que la aplicación de protocolos depende de la concientización de los agricultores y recuerda que el sector ha tenido buenos resultados económicos en 2025, con precios de venta superiores al promedio.

Mientras los pequeños productores insisten en que no están preparados, los gremios exportadores aseguran que desde 2019 se han venido fortaleciendo las medidas, tras detectarse el hongo en Colombia. El impacto en los precios dependerá de la capacidad de contención, aunque hasta octubre de 2025 las exportaciones crecieron 4% respecto al año anterior, con la Unión Europea como principal destino.

Finalmente, Hidalgo aclara que el Fusarium R4T no afecta al consumidor, ya que la fruta no se contamina. El reto inmediato es evitar interrupciones en las exportaciones, aunque algunos mercados podrían exigir mayores certificaciones y pruebas de bioseguridad para garantizar la trazabilidad del producto.

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