El papa Francisco visitó ayer un centro de cuidados para enfermos de sida en la capital de Mozambique, muy afectada por esta epidemia, antes de despedirse del país con una misa, en el marco de su gira africana.
Francisco alabó “la compasión” de los trabajadores sanitarios que escuchan “ese grito silencioso, apenas audible, de infinidad de mujeres, de tantos que vivían con vergüenza, marginados, juzgados por todos”.
El pontífice evitó abordar el tema de la prevención de las enfermedades de transmisión sexual, que sigue constituyendo un terreno minado para la Iglesia católica y que se hace especialmente patente durante las visitas papales a África.
“Lo que no necesitan los pobres es un acto de delegación, sino el compromiso personal de aquellos que escuchan su clamor”, señaló el papa argentino, que agradeció a los trabajadores del centro por “restituir la dignidad de mujeres y niños”.
El papa, que alentó a continuar la búsqueda de “los heridos y derrotados en las periferias”, se dirigió después a saludar a pacientes.
Tras su visita al hospital, el papa ofició una misa en el estadio de Zimpeto, con capacidad para 42.000 personas. Después, el sumo pontífice pondrá rumbo a la gran isla de Madagascar, en el océano Índico. Esta visita al hospital representa un rol altamente simbólico, en un país donde la situación es crítica.
El jueves, Francisco se encontraba en el nuevo hospital de Zimpeto, un barrio superpoblado y pobre de la periferia norte de Maputo. La situación en la capital es crítica, con una prevalencia del virus del 23% entre la población adulta.
El complejo, inaugurado en 2018, comprende un puntero laboratorio de biología molecular y aloja un programa destinado a las personas seropositivas o con sida, especialmente mujeres embarazadas.
El programa llamado Dream lo lanzó en Mozambique en 2002 la comunidad católica italiana de laicos Sant’Egidio, muy cercana al Vaticano y que cuenta con 13 dispensarios en ciudades y pueblos del país. Dream está presente en once países africanos.
Fuente: El Universo.
