Aunque es una medida de seguridad para evitar contraer coronavirus, el confinamiento también afecta a las personas, sobre todo en el ámbito de la salud mental.
En Argentina están a poco de cumplir 150 días en cuarentena y los expertos señalan que la población se siente saturada, principalmente en la zona de el Área Metropolitana de Buenos Aires, donde actualmente la tasa de contagios y la letalidad crecen vertiginosamente a cifras récord en los últimos días, señala una publicación de Infobae.
Algo similar ocurre en otros países donde la cuarentena también rige desde hace varios meses. Las agencias de salud y los expertos advierten que se aproxima una ola histórica de problemas de salud mental: angustia, depresión, abuso de sustancias, trastorno de estrés postraumático y suicidio.
, las cuales tienen efectos superiores a los de afecciones como la diabetes, el cáncer y las enfermedades cardiovasculares juntas. Se estima que, en 2030, la depresión será la principal causa de discapacidad.
Pese a que el tema de la salud mental tiene ahora mayor relevancia que antes, aún no es suficiente y por esto expertos en el tema de Latinoamérica, España y Estados Unidos advierten sobre la importancia de dar visibilidad a los trastornos mentales, debido a que se ha evidenciado un aumento en la depresión, la ansiedad, el estrés e incluso en los suicidios como consecuencia de la pandemia.
En el encuentro virtual ‘Salud mental en tiempos de pandemia’, convocado por Janssen, la farmacéutica de Johnson & Johnson, y que estuvo dirigido a periodistas de Latinoamérica, se indicó que la atención en cuanto al bienestar mental debe ser mayor en el caso de las poblaciones vulnerables, como son los niños, pacientes ya diagnosticados con problemas de salud mental, quienes han contraído COVID-19 y los profesionales de la salud.
Los más afectados
Quienes padecen depresión están entre los más afectados por la cuarentena y el aislamiento social, ya que la disminución de su actividad física ha generado una alteración del ritmo circadiano y la disminución de la adherencia al tratamiento.
«Por otro lado, las estadísticas muestran que las repercusiones psiquiátricas, específicamente de depresión, durante la crisis en los pacientes ingresados con COVID-19 han sido del 33% y el 23% en los profesionales de la salud», informa Infobae.
Además, un estudio epidemiológico desarrollado en Argentina, Colombia, Brasil y México, en el que participaron 1478 pacientes que padecen de depresión mayor, tuvo como resultados preliminares que, incluso sin los factores biológicos y estresantes del COVID-19, el 30% de los pacientes que padecen esta grave depresión no responden a por lo menos 2 diferentes tipos de tratamientos antidepresivos.
Algo que se ha determinado con el paso del tiempo es que, la falta de actividad y distracciones, provoca un incremento de casos o de síntomas relacionados al trastorno de ansiedad y depresión.

“El 40% de la población presenta síntomas leves de ansiedad, el 12% moderados y el 4% graves. En cuanto a la depresión, el 29% presenta síntomas leves, el 9% moderados y el 5% graves. Sin embargo, es importante diferenciar entre tristeza y depresión. Si bien la tristeza es una emoción necesaria y natural del ser humano, si termina afectando el funcionamiento familiar, laboral y social, se debe consultar con un profesional, ya que puede tratarse de depresión”, explica el doctor Eduard Vieta, jefe del Servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Clínic de Barcelona.
“Tenemos la responsabilidad con la sociedad de contribuir a dar visibilidad sobre la salud mental en esta época de pandemia ya que entendemos la dimensión del impacto que estamos teniendo en este tema”, asegura Josue Bacaltchuk, vicepresidente de Asuntos Médicos para Janssen Latinoamérica.
Lo que vivimos en la actualidad es muy distinto a lo que hemos experimentado antes, en estos momentos no solo nuestro cuerpo se ve amenazado, sino también nuestra mente. Según Eduardo Cazabat, psicólogo y presidente de la Sociedad Argentina de Psicotrauma, la pandemia constituyó un nuevo tipo de trauma masivo, debido a que muchos sienten incertidumbre y la impotencia.
“La incertidumbre proveniente de la indefinición de la duración de la cuarentena puede generar impotencia, dado que la persona no puede hacer nada para resolver la situación, se siente totalmente prisionero de decisiones ajenas en las que no puede influir. De esta manera, la angustia crece, pues no hay nada que pueda hacer para ‘ponerse a salvo’ de la cuarentena“, indica Cazabat.
Cortesía : EL UNIVERSO
