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Barbuda, la isla en la que la tierra no es de propiedad privada (y por qué un huracán podría cambiar eso)

by editor

El huracán Irma se abrió camino a través de Barbuda en septiembre de 2017 dejandoun catastrófico rastro de destrucción. Y cuando el gobierno de la isla decidió introducir un sistema de propiedad privada de la tierra para hacer frente a la devastación, resucitaronviejas tensiones.

Asha Frank alberga turistas intrépidos en una cabaña de madera construida en el este de Barbuda.

El suyo es un lugar para vivir en la naturaleza: hay un pozo de agua dulce, no hay inodoro y lo único que se oye son los pájaros que se lanzan en picado para sumergirse en el mar y las olas del Atlántico que rompen detrás de las dunas de arena.

Y para llegar aquí se necesita un vehículo resistente porque no hay un camino pavimentado: apenas un sendero que se dibuja en el terreno pedregoso.

«A nuestros visitantes les gusta pasear por la playa. En la noche encendemos fogatas y hacemos parrilladas. Y muchas de las imágenes en nuestro sitio web son de huéspedes que pescan y luego limpian, cocinan y comen lo que acaba de pescar», dice Frank.

Hace cincuenta años, en el Caribe se podían encontrar muchos lugares vírgenes como este.

Pero eso fue antes de que el turismo se convirtiera en el principal motor de las economías de la región, aumentando el atractivo de los bienes raíces y convirtiéndolos en la base de muchos lucrativosnegocios.

Sin embargo, en comparación con sus vecinos -y especialmente su isla hermana, Antigua- Barbuda se ha quedado sin desarrollar.

Y eso se debe principalmente a que en tiempos modernos la propiedad privada de la tierra no ha existido en esta isla de solo 23 km de largo y 12 km de ancho.

Playa en Barbuda
Image captionUna playa de Barbuda.

Efectivamente, desde que la población esclava se emancipó en el siglo XIX, la tierra se ha mantenido como un bien común. es decir, los habitantes de Barbuda no son dueños, sino que la alquilan para construir sus hogares, para cultivar y para diferentes actividades económicas.

«La tierra es parte de nuestra cultura. Estamos hablando de unos 300 años de historia«, dice Frank.

Como no tuvo que comprar su tierra, pudo establecer su negocio de ecoturismo sin tener que invertir grandes cantidades de dinero.

Pero los intentos de desmantelar el sistema de tenencia comunalde Barbuda comenzaron justo después del paso del huracán Irma, en septiembre de 2017.

Alrededor del 95% de la infraestructura de Barbuda se vio afectada por la tormenta y gran parte fue completamente destruida.

Y aunque ahora hay nuevos y brillantes techos en el pueblo de Codrington, donde vive la mayoría de los barbudianos, también hay abundante evidencia de los poderes destructivos del huracán: montones de mampostería rota, lonas que cubren agujeros y palmeras arrancadas de raíz.

Menos de una semana después de la tormenta, Gaston Browne, primer ministro de Antigua y Barbuda, declaró su intención de privatizar la tierra en Barbuda para permitir a los isleños hipotecar sus propiedades y así conseguir fondos para la reconstrucción.

Una de sus sugerencias fue que todos los barbudianos recibieran títulos de propiedad de la tierra que ya ocupan por el pago nominal de un dólar del Caribe Oriental.

Pero la propuesta indignó a muchos.

Gaston Browne
Image captionGaston Browne, primer ministro de Antigua y Barbuda.

Para entender mejor el porqué, hay que recordar la historia de antipatía entre la isla de Antigua, más grande y desarrollada, y el pueblo de Barbuda.

Antes de la independencia, en 1981, y en parte para proteger sus derechos sobre la tierra, los barbudianos presionaron a los británicos por su autonomía. Pero sus esfuerzos fracasaron y las islas gemelas de Antigua y Barbuda formaron un único Estado.

Y después del horror de Irma, el gobierno ordenó la evacuación de la población de Barbuda -unos 1.800 habitantes- a Antigua, porque otro huracán se estaba acercando.

El huracán José no golpeó Barbuda, pero el gobierno no permitió que sus habitantes regresaran de inmediato. Y la gente se queja de pérdidas mucho mayores porque sus pertenencias se pudrieron al pasar días al aire libre. Muy pocos tenían seguro.

John Mussington, el director de la escuela secundaria de Barbuda, regresó a casa tan pronto como pudo en octubre de 2017. Pero algo lo desconcertó en esos primeros días.

«Por la noche, Barbuda estaba a oscuras, porque no había electricidad. Pero en un área específica los cielos estaban iluminados. Y desde donde vivo, a kilómetros de distancia, podía escuchar el sonido de equipos pesados ​​y cuchillas de bulldozercontra las piedras… Entonces me pregunté: ‘¿Qué está pasando aquí?'».

John Mussington
Image captionJohn Mussington en el lugar del nuevo aeropuerto.

Fue a investigar y encontró que estaban trabajando en un nuevo aeropuerto. Y eso en un momento en que casi no había servicios en Barbuda, debido al daño causado por el huracán. Incluso hoy, el hospital de la isla sigue inutilizable.

El nuevo aeropuerto afectó todavía más las ya tensas relaciones entre los barbudianos y su gobierno nacional. Mussington recurrió a los tribunales. El primer ministro Browne se enojó por la oposición al aeropuerto y lo dijo en Facebook.

«Estos imbéciles han recurrido a sus formas ignorantemente destructivas, intentando socavar un proyecto de infraestructura muy necesario para mejorar las perspectivas económicas de Barbuda», escribió.

Para el gobierno, mejorar las perspectivas económicas de la isla significa más turismo.

En Barbuda, hay un puñado de pequeños hoteles y casas de huéspedes, y algunos emprendimientos ec-turísticos como el de Asha Frank.

Y antes de Irma, con el respaldo del gobierno de Antigua y Barbuda, dos complejos turísticos de primer nivel ya habían empezado a ser construidos en las gloriosas playas de arena de la isla.

Pero lo que algunos ven como modernización, otros lo ven como un paso atrás.

Jacklyn Beazer Desouza
Image captionJacklyn Beazer Desouza perdió sus tres negocios.

«Tengo un problema con la cantidad de casas ricas que están llegando y el hecho de que la única forma que tendremos para ganar dinero será trabajar para otras personas», explica Jacklyn Beazer Desouza.

El huracán Irma arrasó con los tres negocios de Jacklyn: un restaurante, un salón de belleza y una panadería familiar.

Su casa también perdió su techo durante la tormenta. El mismo fue reemplazado en los meses posteriores por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, pero suspropiedades comerciales todavía están en ruinas.

Y mientras ahorra para reconstruir, cocina hamburguesas en un puesto improvisado en su jardín.

«Supongo que algunas de esas personas ricas podrían venir a ver qué comen los lugareños, nuestras hamburguesas de langosta y venado, pero no creo que nos toque una buena parte del pastel«, dice.

Y está preocupada por el futuro.

El año pasado, el gobierno de Antigua y Barbuda dio un paso importante en sus esfuerzos por introducir la propiedad privada cuando derogó la Ley de Tierras de Barbuda de 2007 que garantizaba los derechos comunales de propiedad de la tierra en la isla.

«Quieren rodear toda la isla a lo largo de la costa con hoteles, casas grandes y otras cosas, así que estaremos encerrados en el pueblo», dice Desouza.

«Y tengo un problema con la gente de Antigua diciéndome dónde debería y dónde no debería vivir. No es así como estamos acostumbrados a vivir aquí».

FUENTE: BBC

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