Una escena de horror conmociona nuevamente al noroeste de Guayaquil tras el hallazgo de dos adolescentes asesinados en un terreno baldío del sector Cumbres de la Balerio, perteneciente a la conflictiva zona de Nueva Prosperina. Las víctimas, de 17 y 18 años, eran tío y sobrino y habían sido reportados como desaparecidos el jueves, luego de ser secuestrados a plena luz del día mientras hacían compras cerca de un supermercado en Paraíso de la Flor.
Testigos relatan que los jóvenes se encontraban acompañados por la novia de uno de ellos cuando un hombre armado en motocicleta los interceptó y, con amenazas, los obligó a subir a una tricimoto. La joven logró huir, pero los muchachos fueron llevados con rumbo desconocido, sin que se emitiera ninguna comunicación posterior por parte de los captores. El caso generó alarma inmediata entre familiares y vecinos, quienes comenzaron su búsqueda por cuenta propia.
La mañana del viernes, la Policía recibió una alerta sobre dos cuerpos abandonados en una zona alejada del sector. Al llegar al lugar, confirmaron que se trataban de los adolescentes desaparecidos. Personal de Criminalística recogió evidencias en la escena, mientras agentes de la Dinased abrieron una investigación por homicidio agravado. Hasta ahora, no hay detenidos, y las autoridades aún no determinan si el crimen está relacionado con bandas delictivas que operan en el área.
El sector donde ocurre el doble asesinato es considerado uno de los más peligrosos del país. En lo que va del año, más de 1.600 muertes violentas se han registrado en la Zona 8, que abarca Guayaquil, Durán y Samborondón. Los crímenes se concentran, en su mayoría, en cinco distritos específicos, siendo Nueva Prosperina el de mayor incidencia, debido a la presencia de estructuras criminales que disputan territorio a diario.
Moradores del área denuncian que el abandono estatal ha dejado a la comunidad a merced del crimen. Aunque se anuncian operativos de seguridad constantemente, la violencia no da tregua y las muertes de jóvenes inocentes se han vuelto parte de la cotidianidad. Algunos residentes aseguran que vieron movimientos extraños días antes del crimen, pero prefirieron no declarar por miedo a represalias.
En medio del dolor, los familiares exigen justicia y respuestas concretas. Señalan que los jóvenes no tenían vínculos con actividades ilícitas y que fueron víctimas de una violencia que no distingue edad ni condición. La indignación crece también en redes sociales, donde los usuarios denuncian la inacción del Estado frente a la crisis de seguridad que afecta al país.
El caso de los jóvenes parientes se suma a una serie de hechos sangrientos que golpean sin pausa a la población guayaquileña. A pesar de los discursos oficiales sobre control territorial y lucha contra el crimen, la realidad diaria muestra comunidades enteras sometidas al miedo. La ciudadanía reclama no solo patrullajes, sino acciones firmes y sostenidas que devuelvan la vida y la esperanza a barrios como Nueva Prosperina.
