El 26 de junio de 2025, el presidente Daniel Noboa sostuvo en CNN que Ecuador habría alcanzado su tasa de homicidios más baja desde abril de 2024, con un promedio de 18,8 muertes diarias. Aseguró que este descenso en violencia fomenta el crecimiento económico gracias a un ambiente más seguro.
Sin embargo, los datos oficiales y análisis independientes desmienten esa cifra. Según el Observatorio del Crimen Organizado, el promedio en 2025 era cercano a 25 asesinatos diarios. Además, el país cerró los primeros cuatro meses del año con 3.094 homicidios, un alza del 58 % respecto a 2024.
Expertos en seguridad han señalado que Ecuador atravesaba una verdadera crisis: en 2023 llegó a registrar casi 47 homicidios por cada 100.000 habitantes, y cerca de 1.690 muertes solo entre enero y mediados de junio. Esto contrasta fuertemente con el mensaje optimista del mandatario.
Entretanto, los críticos tildaron las declaraciones de Noboa como un “show mediático” que pretende ocultar la alarmante realidad, marcada por la aprobación de una polémica ley de inteligencia y medidas autoritarias.
Denunciaron que más que combatir la violencia, se privilegian intervenciones que refuerzan su imagen política. El despliegue reciente en áreas conflictivas de Guayaquil, así como otras intervenciones militares, se consideraron insuficientes por parte de analistas. Destacaron que la reducción de homicidios requiere más inversión social y fortalecimiento institucional, no solo operativos de seguridad.
La polémica surge justo después de que el presidente declarara en abril un “conflicto armado interno” y promulgue una ley de inteligencia criticada por su falta de controles y riesgo para libertades civiles. Esta combinación de discurso triunfalista y medidas restrictivas encendió un intenso debate público.
A pesar que el Gobierno defiende sus medidas, la oposición, académicos y la sociedad demandan transparencia —no sólo cifras— sino políticas reales que frenen el flagelo cotidiano. En este escenario, la afirmación de los 18,8 homicidios diarios quedA desacreditada frente a los registros, y Ecuador sigue bajo fuerte presión por su crisis de violencia.
