Este domingo 17 de agosto de 2025, Bolivia celebró una de las elecciones más importantes de su historia reciente. Alrededor de 8 millones de votantes participaron en unas elecciones marcadas por la crisis económica, el descontento popular y un fuerte deseo de cambio tras dos décadas de hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS). La jornada electoral se desarrolló bajo una vigilancia reforzada, con presencia internacional y normas especiales de seguridad y conducta pública.
El clima preelectoral es tenso, pues el país enfrentaba inflación, escasez de combustible y una moneda devaluada. Internamente, el MAS llegó dividido tras la exclusión de Evo Morales de la contienda, lo que llevó a promover el voto nulo como forma de protesta. Sin un líder fuerte, el partido no logró movilizar a su base tradicional. Mientras tanto, nuevas caras y propuestas más centristas comenzaron a ganar terreno en el debate nacional.
A pesar de algunos incidentes aislados y retrasos en los colegios electorales, la votación se desarrolló sin mayores problemas. La participación fue intensa desde la mañana, lo que refleja el interés popular en un nuevo rumbo político. En muchos lugares, las largas filas y el reemplazo de los miembros de mesa marcaron el ritmo de la jornada. El Tribunal Electoral hizo un llamado a la calma y reafirmó su compromiso con la transparencia.

Con más del 90% de los votos escrutados, el resultado confirmó el fin del ciclo electoral del MAS y apuntó a una segunda vuelta entre el senador Rodrigo Paz Pereira, de centroizquierda, y el expresidente Jorge «Tuto» Quiroga, de centroderecha. Paz lideró con aproximadamente el 32% de los votos, mientras que Quiroga quedó en segundo lugar con aproximadamente el 27%. Ninguno de los dos partidos alcanzó el mínimo necesario para ganar en la primera vuelta.
La exclusión del MAS de la contienda final es un hito histórico y simboliza el debilitamiento del proyecto liderado por Evo Morales y Luis Arce. El partido ha sufrido fragmentación interna, desilusión popular y escándalos de gestión. Como resultado, Bolivia se prepara para elegir entre dos proyectos distintos, ambos fuera del tradicional eje polarizado que ha dominado la política nacional durante años.
Rodrigo Paz propone una agenda progresista y modernizadora, centrada en el desarrollo sostenible, la descentralización, la inclusión social y la innovación tecnológica. Quiroga, por su parte, aboga por medidas liberales, una mayor apertura económica, recortes del gasto público y el fortalecimiento de las relaciones con los mercados extranjeros y los organismos internacionales.
La segunda vuelta está programada para el 19 de octubre y el nuevo Gobierno asumirá la presidencia en noviembre. Las elecciones de este domingo no solo transforman el panorama político de Bolivia, sino que también redefinen su papel en la región. Con el MAS fuera de la contienda, el país entra en una nueva etapa, centrada en la reconstrucción institucional, económica y social, y en la expectativa de un Gobierno más equilibrado y centrado en el diálogo democrático.
Sin embargo, el aspecto más esperado por parte de los bolivianos que esperan que se solucione, es la economía, pues con la devaluación del boliviano (moneda), la canasta básica se ha hecho inaccesible, los librecambistas se aprovechan de la situación en la frontera, y los extranjeros también llegan masivamente pues con el dólar estadounidense pueden transformar su divisa al doble.
