Los cuerpos de Edwin Lara, de 34 años, y Pastor Arias, de 39, ambos empleados de Petroecuador, fueron hallados la tarde del 27 de noviembre de 2025 en una fosa clandestina en Shushufindi, provincia de Sucumbíos. El país reaccionó con conmoción ante la confirmación de que los dos hombres fueron enterrados con evidentes signos de puñaladas, información divulgada por las autoridades tras la primera inspección técnica en el lugar.
El hallazgo se produjo tras una denuncia anónima que condujo a unidades especializadas de la Policía Nacional a una zona de densa vegetación, donde agentes localizaron el escondite subterráneo y recuperaron los cuerpos. Los peritos también recabaron evidencia que apunta a un ataque violento y posiblemente premeditado, lo que generó sospechas de la participación de grupos criminales que operan en la región amazónica.
La investigación inicial revela que Lara y Arias desaparecieron mientras realizaban actividades relacionadas con su trabajo diario en zonas aledañas a las instalaciones petroleras, lo que refuerza la preocupación de los sindicatos y los empleados de Petroecuador por la creciente vulnerabilidad de los trabajadores que se desplazan por zonas remotas, marcadas por la presencia de estructuras ilegales, narcotráfico y conflictos territoriales.
Petroecuador emitió un comunicado expresando su profunda consternación, ofreciendo apoyo a las familias de las víctimas y pidiendo a las autoridades que refuercen de inmediato la seguridad en las zonas operativas. Declaró que la violencia contra sus empleados se está convirtiendo en un riesgo cada vez más frecuente y que la protección institucional es indispensable para garantizar la continuidad de las actividades estratégicas en la Amazonía.
Los habitantes de Sucumbíos están organizando vigilias y reuniones comunitarias para recordar a las víctimas y, al mismo tiempo, reiteran los llamados a una presencia estatal efectiva, afirmando que la provincia está experimentando un aumento de la violencia que afecta a trabajadores, pueblos indígenas, agricultores y comerciantes, mientras que las autoridades locales describen el caso como un síntoma más de un peligro estructural ignorado durante años.
