Los planes de datos personales y la llegada de WhatsApp dejó obsoletos estos equipos, algunos están operativos en Pichincha. En Guayas se piensa en su retiro.
Están ahí. En la esquina o a la mitad de una acera. Tienen el cuerpo azul-plateado cubierto de un caparazón a manera de inútil sombrilla. Sus bocinas silenciosas están sucias o rotas, en algunos casos, los ha pintarrajado con furia.
Será por eso que todo el mundo ignora a esos fósiles tecnológicos en lo que se convirtieron los teléfonos públicos.
La verdad es que muchos aún sirven. Con USD 5, USD 10 o USD 25 centavos aún es posible llamar a la casa de novia en La Tola, en el centro de Quito o intercambiar saludos con ese familiar que se quedó en Pamplona-España.
En Quitumbe o en La Floresta, Radio Pichincha comprobó que los teléfonos están activos y funcionan; sin embargo, en la estación de la Ecovía y en el Comité del Pueblo ya no están operativos. Algunos han sido retirados, quedando solamente en la pared la sombra de su recuerdo.
¿850 activos?
Según la Corporación Nacional de Telecomunicaciones, al menos 850 teléfonos monederos se mantienen activos en la provincia de Pichincha
“Los equipos están ubicados en espacios de alta concurrencia ciudadana, tales como hospitales públicos, estaciones de transferencia de pasajeros de autobús e instituciones educativas”.
De acuerdo con la Corporación, en otras provincias de la Sierra también seguirían funcionales y se pensaría inclusive “en desarrollar trabajos para el mejoramiento de su imagen”, sostuvo una comunicación institucional de CNT.
En Guayas dados de baja
De acuerdo con información oficial proporcionada por CNT, los teléfonos ubicados en la provincia del Guayas han sido dados de baja por obsoletos.
“Este proceso responde a la migración tecnológica de la red de cobre hacia la red de fibra óptica (GPON), lo cual derivó en el retiro de los terminales”, respondió la entidad.
El auge y la caída
Hace apenas 15 o 20 años, en terminales terrestres o en el Centro Histórico, los teléfonos públicos eran puntos de reunión obligatorios. A su alrededor se formaban filas a veces de cuatro o cinco personas. Hasta discusiones se producían cuando una persona no apresuraba las palabras y permanecía más de cinco minutos con la bocina en la oreja.
En fin, estos aparatos fueron depositarios de mil y una historias. Los planes individuales de datos y la llegada del WhatsApp los dejó obsoletos.
De acuerdo con Roberto Roggiero, especialista en nuevas tecnologías para la educación, “esos teléfonos eran muy útiles cuando se podía recordar el número fijo de una persona, pero ahora ya nadie recuerda un celular”.
Otro detalle histórico que presentan estos teléfonos son los códigos de área o instrucciones para llamadas internacionales. Algunos de esos prefijos se mantienen, solo que en los teléfonos personales están agregados automáticamente.
La sociedad hipertecnologizada prácticamente hizo invisibles a estos teléfonos, sin embargo, siguen en la ciudad, como una llamada perdida desde un pasado, que aunque parezca lejano, es muy reciente.
