Miles de creyentes y religiosos de distintas edades caminaron este viernes por el centro histórico de Quito, la capital de Ecuador, para reafirmar su fe durante la procesión de Jesús del Gran Poder, considerada uno de los actos más representativos de la Semana Santa en Ecuador y también uno de los más tradicionales de América Latina. Los fieles participaron en esta peregrinación, realizada en Quito desde hacía 65 años, elevando plegarias por la paz y el fin de la corrupción, además de expresar agradecimientos por la vida, deseos cumplidos y enfermedades superadas.
Las calles cercanas a la iglesia de San Francisco comenzaron a llenarse desde horas tempranas, aunque fue al mediodía cuando la imagen de Jesús del Gran Poder salió del templo, resguardada por policías del Grupo de Operaciones Especiales. La procesión, declarada Patrimonio Cultural Intangible de Quito en 2015, se originó en 1961 por iniciativa del sacerdote Francisco Fernández y con el tiempo se consolidó como una manifestación de profunda devoción y significado para la comunidad católica quiteña y para visitantes de distintas partes del mundo.
Un total de 812 policías formaron parte del operativo de seguridad desplegado para esta caminata, que se realiza cada Viernes Santo en representación del recorrido que hizo Jesucristo desde su condena a muerte hasta que su cuerpo fue colocado en el sepulcro.
Entre los participantes estuvo Ángel Molina, uno de los más de 3.000 cucuruchos (fieles ataviados con un capirote cónico y símbolo de los penitentes) y verónicas que acompañaron la imagen de Jesús, quien comentó a EFE que acudió para agradecer por el trabajo, la salud y la familia, y también para pedir la bendición de su madre, ya fallecida.
Otro asistente fue Hernán Tapia, quien optó por representar a Jesús como muestra de sacrificio. «Cumplir esto fue muy hermoso», dijo a EFE. Tapia pidió por la unión familiar y para que «todo lo que aquejaba» a Ecuador «llegara a su fin». «Corrupción, familias destrozadas por la migración… había mucho egoísmo en este mundo y debía haber un cambio para beneficio de todos», añadió.
Finalmente, el recorrido de este año presentó algunas modificaciones, aunque esto no impidió que los fieles colmaran las calles y mantuvieran viva una tradición transmitida de generación en generación.
