Eran las 18:58 del sábado 16 de abril de 2016, cuando, de manera inesperada, la tierra de varias provincias de la Costa ecuatoriana comenzó a temblar de una manera que aún sigue impregnada en la mente de las personas que vivieron aquel momento.
Fue un terremoto de una magnitud de 7,8 en la escala de Richter, cuyo epicentro se ubicó entre Pedernales y Cojimíes, en la provincia de Manabí. Fueron unos largos y trágicamente inolvidables 42 segundos en la vida de los miles de ecuatorianos que vivieron aquel sismo que golpeó con más fuerza en Manabí y Esmeraldas.
Según informes finales de la Secretaría de Gestión de Riesgos y Emergencias (SGRE) y organismos internacionales, el terremoto de Manabí dejó 671 personas fallecidas, incluyendo 23 ciudadanos extranjeros.
El número de afectados con atenciones médicas, que en principio eran de 6.274, pasó luego a más de 17.000. Además, se registraron aproximadamente 28.775 personas ingresadas en albergues y 10 quedaron formalmente como desaparecidas tras el cierre de las operaciones de búsqueda.
La reconstrucción se estimó entre USD 3.000 y USD 3.344 millones. El reporte también dice que hubo más de 6.900 edificaciones destruidas y 2.740 afectadas. El sector público asumió el 67% de las pérdidas y el privado el 33%.
El terremoto de Pedernales es el peor registrado en Ecuador en dos ámbitos distintos: es el de mayor magnitud desde otro terremoto que también golpeó Pedernales (en 1946, con una magnitud de 7,8) y es el más devastador desde el terremoto de Ambato de 1949, que dejó unos 6.000 muertos.
Tras lo ocurrido, el Gobierno de Rafael Correa declaró el estado de excepción en seis provincias: Manabí, Esmeraldas, Guayas, Santo Domingo, Los Ríos y Santa Elena, donde quedaron zonas completamente destruidas.
De hecho, hoy, a través de su cuenta de X, Correa calificó como una de las pruebas más duras de su vida lo del terremoto de Manabí.
“Dentro de la desgracia, Ecuador sacó lo mejor de sí. En un año se avanzó en la reconstrucción el 60%. Después no se hizo casi nada. Hasta esta tragedia han tratado de politizar, la canalla mediática ha inventado toda clase de mentiras, han perseguido, pero la realidad es demasiado contundente, así como el cariño de las dos provincias más afectadas: Manabí y Esmeraldas”, enfatizó.
Por su parte, la asambleísta por Manabí, Gabriela Molina, recordó hoy 10 años del evento que, en su paso de dolor y miedo, permitió mostrar la solidaridad y el esfuerzo conjunto de todo un país, por salir adelante.
“Siempre nuestro corazón está con las familias que perdieron seres queridos y nuestra gratitud infinita, para quienes, de cualquier manera, contribuyeron en tan duros momentos”, indicó.
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