La construcción, que en un principio tenía como fecha de entrega el año 2023, sufrió demoras que provocaron el desbordamiento de las aguas. La entidad gubernamental Aguapen, encargada de la iniciativa, argumenta que la falta de recursos es la causa del incumplimiento.
En la ciudadela Costa de Oro en Salinas, donde los residentes alegan impuestos prediales más altos que los de Guayaquil, la molestia por el mal olor generado por el desbordamiento de alcantarillas es palpable. Aunque Aguapen se comprometió a concluir el sistema a finales de 2023, aún no se ha completado.
En los últimos 15 días, el agua se ha desbordado al menos cinco veces, generando mal olor en todo el vecindario. Las familias que tienen sus casas allí, en su mayoría para vacacionar, se ven afectadas.
Celeste Silva, residente de Guayaquil en el lugar, expresó su indignación: «Es indignante. Ahora resulta que no voy a mi casa para descansar, sino que viajo una y otra vez para limpiar el patio que permanece con lagunas de agua putrefacta. Este barrio está perdido». Además, Carolina Mejía, miembro de la directiva del comité barrial, insta a una solución definitiva y rápida, señalando que la finalización de las obras del nuevo sistema de alcantarillado es crucial.
Alfonso Ortiz, otro residente, hace una llamada de atención a las autoridades, indicándoles que dejen de hacer promesas vacías. «Siempre es lo mismo, vienen a prometer de todo, pero nadie resuelve nada. Han sido tantas promesas que hemos perdido la fe en las autoridades. Aquí nos cobran impuestos elevados, por eso exigimos mejoras», declaró.
Édgar Heredia, también residente, expresó su frustración respecto a las promesas incumplidas de las autoridades. «Siempre es lo mismo, vienen a prometer de todo, pero nadie resuelve nada. Han sido tantas las promesas que nos han dado las autoridades que ya hemos perdido la cuenta». Heredia recordó que las autoridades prometieron asfaltar las calles principales después de la finalización del alcantarillado, pero han pasado tres años y aún no se ha cumplido ni con eso ni con otras mejoras.
Por otro lado, Celeste Silva, quien lleva cincuenta años viviendo en el lugar, expresó su descontento con la falta de desarrollo. «Pagamos impuestos caros al Municipio y no recibimos los beneficios que por ley merecemos. Somos un barrio olvidado y el alcalde no monitorea ni controla nada, al igual que los concejales que parecen estar de adorno», lamentó.
La situación compleja que viven los habitantes de Costa de Oro debido al atraso en las mejoras del alcantarillado ha sido previamente comunicada en varias ocasiones. Este proyecto, que fue contratado hace tres años con una fecha de finalización en noviembre de 2022, busca modernizar el sistema sanitario en los sectores de Costa de Oro, Carolina y Puerta del Sol. El significativo retraso, que supera un año, se atribuye a las deudas acumuladas de Aguapen con el contratista, y cada vez que se realiza un pago, el avance es mínimo, según ha reconocido la entidad.
Los técnicos de Aguapen, Patricio Nagua y Carlos Altafuya, explicaron que la obra está casi finalizada, con un avance del 93%, y el contratista está a punto de concluirla. Se justificó el significativo retraso debido a la difícil situación económica que atraviesa Aguapen.
Alfonso Ortiz, un residente, expresó su frustración diciendo: «Parece que esto no tiene solución, llevo 50 años viviendo acá y no hay desarrollo. Pagamos impuestos caros y no recibimos los beneficios que por ley nos merecemos». Además, Manuel Cochea Perlaza, director municipal de Obras Públicas, manifestó su preocupación por la lentitud y retraso en la obra, que también afecta a otros cinco sectores cercanos.
El alcalde ya ha contactado al nuevo gerente de Aguapen para que concluya rápidamente esa obra. Los ciudadanos tienen el pleno derecho de expresar sus quejas, ya que la construcción lleva un tiempo considerable. Esto es algo que reconocemos», afirmó el funcionario.
Respecto al asfaltado de las calles, Cochea señaló que los estudios están completos y que la Alcaldía ha firmado un convenio de cooperación con Petroecuador. Dentro de su programa de compensación, la petrolera se encargará de llevar a cabo la obra, como ya lo ha hecho en La Libertad y Santa Elena.
Sin embargo, persiste la desconfianza entre las familias. «Pueden reconocer lo que sea, decir que no tienen un centavo; pueden prometernos el oro, pero eso ya no nos interesa. Ya no les creemos nada. Nos han visto la cara de tontos y no lo vamos a tolerar más», planteó Nathalia Acevedo, residente guayaquileña en el vecindario. Incluso tiene planes de reunir a los vecinos para realizar un plantón exigiendo no solo respuestas, sino acciones inmediatas. «Claramente lo que ha faltado es voluntad», sentenció.
