La enfermedad había debilitado a su tripulación en el HMS Dolphin, forzándola a tumbarse en hamacas.
Los marineros se balanceaban en medio del calor pegajoso de los trópicos, mientras su barco navegaba lentamente a través del Pacífico.
Ansiosa por controlar el Atlántico sur, la Armada británica le había encomendado al almirante Byron que eligiera una isla frente a la costa sudamericana para que los barcos pudieran reabastecerse para luego intentar dar con una ruta alternativa a las Indias Orientales.
Cuando finalmente regresó a casa, había establecido un récord al circunnavegar el mundo en menos de dos años; había reclamado las Islas Falkland/Malvinas occidentales para la corona británica y casi había iniciado una guerra entre Reino Unido y España en el proceso.
Pero la misión de las islas no había sido exitosa.
Después de bordear la punta de Sudamérica, el explorador se enfrentó a la mayor masa de agua del mundo: el interminable océano Pacífico.
Tras un mes de horizonte azul, apareció una pequeña isla.
Byron anotó la fecha (viernes 7 de junio de 1765) y describió con alegría la «bella apariencia de la isla, rodeada por una playa de la arena blanca más fina, y cubierta de árboles altos, que… formaban los bosques más encantadores».
