Petroecuador atraviesa una grave crisis operativa tras los despidos masivos impulsados por el Gobierno de Daniel Noboa. En una carta urgente dirigida a Recursos Humanos, Fausto Granda, jefe corporativo de Programación y Coordinación Operativa, advierte que los laboratorios de control de calidad de hidrocarburos funcionan con menos del 50 % del personal técnico necesario, y algunos carecen de los mínimos para operar con normalidad.
Los sindicatos del sector —como Antep y Sintep— denuncian que fueron despedidos al menos 246 técnicos especializados: geólogos, ingenieros y operadores esenciales para mantener la producción, transporte y refinación de petróleo. Alertan que estas salidas no solo son intempestivas y “cobardes”, sino también contrarias al interés estratégico del país.
La situación amenaza directamente la operatividad del sistema petrolero estatal, que ya sufre cortes y fallos en infraestructura vital como el SOTE (Sistema de Oleoducto Transecuatoriano) y las refinerías. Un estudio de 2022 de la consultora Arthur D. Little ya advertía del déficit de más de mil técnicos en Petroecuador, lo que ahora se agrava con fuerza.
La reducción de personal se vincula al plan de austeridad del Ejecutivo, impulsado bajo presión del Fondo Monetario Internacional, que en julio ordenó el despido de 5 000 empleados públicos y la fusión de ministerios para reducir gastos. Noboa justificó los recortes como medidas de “eficiencia”, aunque sindicatos y expertos sostienen que comprometen la soberanía energética.
En paralelo, Petroecuador enfrenta otros desafíos, pues recientemente declaró fuerza mayor en sus operaciones tras la interrupción del bombeo en los oleoductos SOTE y OCP por la erosión provocada por lluvias fuertes en la Amazonía, lo que redujo la producción en aproximadamente 133.000 barriles diarios.
La combinación de precariedad técnica, infraestructura comprometida y una administración que prioriza recortes fiscales genera un escenario crítico. La pérdida de acreditaciones —como la ISO/IEC 17025 que garantiza calidad en los laboratorios— y el riesgo de escasez de combustible amenazan los suministros nacionales y la estabilidad sectorial.
En síntesis, Petroecuador enfrenta su momento más difícil en décadas. La escasez de personal estratégico pone en jaque la producción de hidrocarburos, mientras que herramientas de gestión adolecen de capacidad técnica. El país observa con preocupación si se puede revertir esta crisis antes de que impacte con fuerza en la economía y en la seguridad energética.



