La Asamblea Nacional vivió un episodio inusual y polémico, cuando el asambleísta Jorge Chamba, del movimiento oficialista ADN, se conectó a la sesión de la Comisión de Transparencia, Participación Ciudadana y Control Social desde su cama. Las imágenes, que rápidamente se viralizaron en redes sociales, mostraban al legislador reclinado mientras participaba en el debate, situación que desató una ola de críticas sobre el respeto, la formalidad y el decoro en la labor legislativa.
La comisión se encontraba en sesión ordinaria cuando ocurrió el incidente. La participación de Chamba desde una posición de descanso atrajo la atención inmediata de sus colegas y del público que seguía la transmisión en vivo. Capturas de pantalla y videos circularon en cuestión de minutos, generando comentarios que iban desde el humor y la burla hasta fuertes críticas al comportamiento de un funcionario público en ejercicio de sus funciones.
Ante la situación, la presidenta de la comisión, la asambleísta Diana Jácome, intervino para recordar a sus colegas la responsabilidad que tienen ante la ciudadanía. Enfatizó que la imagen que se proyecta durante el trabajo parlamentario influye directamente en la percepción que se tiene de la seriedad, la transparencia y el compromiso de la institución. Jácome insistió en que se debe respetar el procedimiento y a la ciudadanía, independientemente de si la participación es presencial o virtual.
La participación digital se ha convertido en una práctica aceptada, especialmente tras la pandemia de COVID-19, que obligó a muchas instituciones a adaptarse a sistemas híbridos. Sin embargo, la forma en que el asambleísta Chamba se incorporó a la sesión generó inquietud sobre los límites entre la flexibilidad y la pérdida de formalidad institucional, reavivando el debate sobre si los protocolos deberían actualizarse o reforzarse.
Para muchos críticos, el hecho de que un legislador asista desde su cama refleja falta de seriedad y disciplina, lo que socava la credibilidad de la Asamblea Nacional. Las redes sociales amplificaron esta percepción, y la ciudadanía cuestionó el verdadero compromiso de los representantes públicos con las responsabilidades para las que fueron elegidos. Memes, hashtags y comentarios irónicos se propagaron rápidamente, colocando a Chamba en el centro de la tormenta digital y dañando su reputación, no solo la suya, sino también la de ADN.
Por otro lado, algunas voces argumentaron que lo esencial es que el legislador esté presente y activo en los debates, independientemente de su ubicación física. Estas perspectivas sugerían que la tecnología no debería juzgarse por las apariencias, sino por su efectividad. Aun así, el consenso mayoritario fue que, como figuras públicas, los legisladores deben mantener estándares mínimos de decoro, especialmente cuando sus acciones son visibles para todo el país.
