Home InternacionalesUna expedición científica lanza un llamado a los líderes mundiales: Escuchen a la ciencia

Una expedición científica lanza un llamado a los líderes mundiales: Escuchen a la ciencia

by Ecuador En Directo

En algún lugar del océano Ártico, envueltos en la oscuridad de la noche polar, doce personas y un perro llamado Örkki viajan a la deriva sobre el mar helado. Ninguno puede elegir el rumbo.

Su hogar durante los próximos meses es Tara Polar Station, un buque científico francés de 26 metros de eslora que partió de Noruega en agosto pasado con un propósito bastante insólito: dejarse atrapar por el hielo.

Ahora, inmovilizado sobre una enorme placa flotante, con más de 2.500 metros de agua bajo el casco, el barco avanza a merced de los vientos y las corrientes.

La tripulación participa en Tara Polaris I, la primera de diez expediciones previstas en un ambicioso programa internacional que estudiará durante 20 años la transformación del océano Ártico. Y lo que sus científicos están descubriendo ya ha despertado el interés del secretario General de la ONU, António Guterres.

A pocos días de la cumbre climática COP31, Guterres conversó por videoconferencia con Maxime Geoffroy, el científico jefe de la expedición. Quería saber qué mensaje debía transmitir a los líderes mundiales sobre una región que se calienta entre tres y cuatro veces más rápido que el resto del planeta.

«Creo que, lamentablemente, los dirigentes políticos del mundo todavía no son plenamente conscientes de la gravedad de la situación», reconoció el Secretario General.

La respuesta de Geoffroy fue tan sencilla como contundente: «Lo que ocurre en el Ártico no se queda en el Ártico».
Los cambios que se producen en este remoto rincón del planeta pueden alterar los océanos, el clima y la biodiversidad a miles de kilómetros de distancia.

La expedición pasó tres semanas navegando frente a la costa septentrional de Rusia antes de adentrarse en la banquisa, la gran extensión de hielo marino, en busca de una placa lo suficientemente sólida para instalar su laboratorio flotante.

«Llegamos a los 82 grados de latitud norte atravesando canales de agua abierta», relató Geoffroy, refiriéndose a los pasillos que se forman entre las placas de hielo.

Pero la pérdida de hielo no es el único fenómeno que preocupa a los científicos. Durante la conversación, Guterres compartió uno de sus mayores temores. «Una de las cosas que más me ha asustado es pensar que, dentro de algunos años, el Ártico podría quedarse sin hielo durante el verano».

No se trata únicamente de la desaparición de un paisaje. El hielo marino del Ártico ayuda a mantener el equilibrio térmico de todo el planeta.

«Esta enorme capa de hielo sobre la que estamos a la deriva, cuando regresa el sol, funciona como un espejo», explicó Geoffroy, al explicar que su superficie blanca refleja buena parte de la radiación solar hacia el espacio.

El problema llega cuando se derrite: el océano oscuro que queda al descubierto absorbe el calor, aumenta la temperatura del agua y favorece que se pierda todavía más hielo.

Buena parte del océano Ártico central sigue siendo prácticamente desconocida. Por eso son tan valiosas las mediciones que realiza el equipo: sus datos permitirán mejorar los modelos climáticos y comprender mejor los cambios que se avecinan.

Durante el viaje hacia el norte, la tripulación fue testigo de otro cambio que salta a la vista: el tránsito de petroleros por el Paso del Nordeste, la ruta marítima que bordea la costa ártica de Rusia.

A medida que el hielo retrocede, navegar por estas aguas resulta más fácil. También crece el peligro de accidentes y contaminación en una región donde cualquier emergencia resulta extraordinariamente difícil de atender.

«Puedo asegurarle que vimos muchos petroleros atravesando esa ruta», contó Geoffroy a Guterres. «No estamos hablando de una predicción. Ya está ocurriendo».

Foto Cortesía

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