La red hospitalaria pública del Ecuador atraviesa una profunda crisis que impacta directamente en la calidad de vida y el derecho a la salud de miles de ciudadanos. Los hospitales Abel Gilbert Pontón (conocido como Hospital Guayaquil), Teodoro Maldonado Carbo (IESS) en Guayaquil y Pablo Arturo Suárez en Quito, presentan graves deficiencias estructurales, operativas y logísticas, lo que ha generado un colapso en la atención sanitaria.
En el Hospital Guayaquil, considerado una casa de salud de referencia por atender a más de mil personas diariamente, se reporta un desabastecimiento crítico de insumos médicos, medicamentos y equipos. Los pacientes deben llevar jeringas, gasas, sondas y fármacos básicos como vancomicina para poder recibir atención. La falta de reactivos ha llevado incluso a que los familiares deban trasladar tubos de muestra a otros laboratorios, pues dentro del hospital no pueden realizarse ciertos exámenes médicos fundamentales.
Las condiciones en quirófanos y unidades críticas agravan la situación. Se constató que el instrumental quirúrgico no puede ser esterilizado en la propia institución por falta de capacidad, por lo que debe ser transportado en fundas negras a otras clínicas, exponiendo a los pacientes a un alto riesgo de infección. Además, informes internos señalan que la Unidad de Cuidados Intensivos no cumple con los parámetros mínimos de temperatura, iluminación, equipamiento ni mobiliario, mientras los quirófanos operan en medio de goteras, techos deteriorados y sistemas de climatización dañados.
Simultáneamente, el Hospital Teodoro Maldonado Carbo, también ubicado en Guayaquil y administrado por el IESS, fue reportado sin energía eléctrica desde la madrugada, provocando la suspensión de exámenes médicos, demoras en tratamientos y atención médica interrumpida. Esta situación ha sido denunciada por pacientes y familiares, quienes exigen respuestas inmediatas a las autoridades, ante la falta de condiciones mínimas para el funcionamiento del centro hospitalario.
En Quito, el Hospital Pablo Arturo Suárez tampoco escapa a la crisis. Pacientes denuncian la cancelación de turnos médicos por equipos dañados, como los necesarios para realizar endoscopias y colposcopias. Algunas personas, como Sandra, han esperado meses por sus exámenes sin éxito, y al no contar con recursos para acudir a clínicas privadas, su situación de salud se agrava. Otros deben acudir con radiografías hechas en establecimientos externos, lo que representa un gasto adicional que muchos no pueden cubrir.
Esta casa de salud, que atiende a mil personas al día y ofrece 28 especialidades, enfrenta además una alarmante demora en la asignación de turnos. Áreas como traumatología tienen tiempos de espera que pueden superar un año, lo cual evidencia el colapso del sistema y la falta de respuesta institucional para gestionar la alta demanda. Las quejas se acumulan entre los pacientes, quienes no encuentran en el sistema público una atención digna y oportuna.
La falta de medicamentos, equipos en funcionamiento, personal suficiente y planificación eficiente en estos hospitales muestra una crisis estructural del sistema de salud pública del Ecuador. Mientras los centros hospitalarios enfrentan esta realidad con limitaciones graves, las autoridades aún no ofrecen soluciones concretas ni pronunciamientos claros, dejando a los ciudadanos en una situación de vulnerabilidad permanente. La salud, como derecho fundamental, está siendo postergada ante un colapso institucional que demanda atención urgente e integral.
