En un sorprendente giro político a pocos días de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, la asambleísta Mónica Salazar anunció su separación del bloque Revolución Ciudadana (RC), lo que desató fuertes críticas a las prácticas internas del partido. La representante de Los Ríos confirmó su salida mediante un comunicado oficial y un video publicado en redes sociales, donde denuncia lo que califica de comportamiento clasista y egoísta de sus antiguos compañeros. Salazar acusó a los miembros del partido liderado por Correa de humillación sistemática, afirmando que ya no puede permanecer en un espacio que, en su opinión, opera con exclusión y favoritismo.
Salazar reveló que comunicó su decisión de abandonar el bloque al expresidente Rafael Correa hace tres semanas. Sin embargo, optó por guardar silencio hasta después de las elecciones para evitar perjudicar las posibilidades políticas de Luisa González, la candidata presidencial del partido que finalmente perdió en la segunda vuelta. Si bien se abstuvo de atacar públicamente al partido durante la campaña, ahora alza la voz, citando profundas diferencias ideológicas y éticas con su liderazgo.
Una de las principales razones de su salida, explica Salazar, es la forma en que el partido gestionó la selección de candidatos a la Asamblea Nacional durante las últimas elecciones. Según ella, hubo un intento intencional de marginarla y promover a otras figuras, como Humberto Alvarado, sin la debida consulta ni criterios de mérito. Atribuye la responsabilidad directa a Luisa González, presidenta del movimiento, de permitir y fomentar estas prácticas en su provincia.
El anuncio público de la renuncia de Salazar ha conmocionado al bloque Revolución Ciudadana, ya debilitado por la derrota de González. El partido se enfrenta ahora a tensiones internas y a un posible efecto dominó, ya que la salida de Salazar podría inspirar a otros miembros insatisfechos a expresar sus preocupaciones o a seguir su ejemplo. Los analistas políticos siguen de cerca las consecuencias, preguntándose si esto indica una crisis más amplia dentro del movimiento que una vez dominó la política ecuatoriana bajo el liderazgo de Correa.
Tras las reacciones surgidas en Twitter y otras plataformas, la clase política se apresura a evaluar las consecuencias de la rebelión de Salazar. Mientras algunas voces de la Revolución Ciudadana intentan restarle importancia a la medida, otras admiten que las críticas de la asambleísta reflejan sentimientos compartidos en privado por otros miembros. Ecuador ahora presencia no solo un cambio de poder tras las elecciones, sino también una fractura interna en una de sus fuerzas políticas más influyentes.
