Durante el anuncio de los resultados de las elecciones presidenciales, miembros de las Fuerzas Armadas se posicionaron alrededor de la sede del Consejo Nacional Electoral (CNE), generando alarma entre la ciudadanía y los observadores políticos. La fuerte presencia militar se hizo particularmente evidente durante la proclamación oficial de Daniel Noboa como presidente, lo que generó dudas sobre el mensaje que tal despliegue transmite durante un proceso democrático.
La asambleísta Christina Jácome publicó un posteo en redes sociales criticando el despliegue militar, afirmando que la democracia no puede defenderse mediante la intimidación ni el uso de la fuerza armada. Enfatizó que la legitimidad de las instituciones democráticas debe provenir de la voluntad popular, no de la imagen de soldados y alambres de púas rodeando a las autoridades electorales.
La situación generó indignación y preocupación en las redes sociales, donde los usuarios describen la escena como una amenaza directa a las normas democráticas. Los ciudadanos señalan que el ambiente creado por la presencia armada no fomenta la confianza en el proceso electoral, sino que sugiere presión y miedo.

Un usuario, haciendo referencia a eventos similares en la región, compara el momento con escenas de Venezuela, insinuando que Ecuador está adoptando prácticas típicamente asociadas con regímenes autoritarios. La comparación busca subrayar la naturaleza excepcional de la situación y sus posibles implicaciones para la imagen democrática del país.
En medio de la controversia, la principal preocupación sigue siendo el simbolismo de la presencia militar durante un evento democrático crucial. Mientras algunos lo ven como una medida de seguridad, otros lo interpretan como una forma de coerción que socava la integridad del proceso electoral y la independencia de las instituciones encargadas de supervisarlo.
