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Mascarilla inteligente avisa al móvil si dentro de ella se han superado los límites de co2.

by Jaime De La Cruz

Científicos e ingenieros de la Universidad de Granada (UGR) han desarrollado y evaluado una mascarilla FFP2 inteligente que avisa al usuario, a través de su teléfono móvil, cuando se superan los límites de dióxido de carbono (CO2) permitidos dentro de ella .Este avance científico podría poner solución a un problema con el que convivimos desde que comenzó la pandemia. Cuando se usan mascarillas tipo FFP2 se produce una concentración de CO2 entre la cara y la mascarilla superior al ambiental debido al gas exhalado durante la respiración.

Malestar, dolor de cabeza, fatiga, disnea, mareos, sudoración, aumento de la frecuencia cardiaca, debilidad muscular y somnolencia son algunos de los efectos adversos que puede provocar esta reinhalación a cualquier persona, incluso a las que gozan de buen estado de salud.

Estos efectos negativos están relacionados tanto con la duración de la exposición, como con la concentración de gas en sí mismo.

Algunas normativas sanitarias recomiendan un valor máximo de 0,5% de CO2 en el ambiente laboral (en una jornada de ocho horas) o consideran una exposición de 30 minutos al 4% de CO2 como muy perjudicial para la salud.

“Desde la declaración de pandemia mundial por la Organización Mundial de la Salud(OMS) debido a la propagación de la COVID-19, el uso universal de mascarillas se ha recomendado o impuesto a la población en general, en un esfuerzo por prevenir la rápida propagación del SARS-CoV-2.

También existe un amplio acuerdo sobre los posibles efectos adversos causados por su uso prolongado, principalmente como consecuencia del aumento de la resistencia respiratoria y la reinhalación del CO2 situado en esa región interior de la mascarilla, han señalado los autores de esta investigación.

Esta mascarilla inteligente permite determinar en tiempo real, mediante un teléfono móvil, el dióxido de carbono reinhalado. Este método supone, según sus creadores, un avance significativo como sistema vestible caracterizado por su bajo coste, escalabilidad, fiabilidad y confort para la monitorización de magnitudes de interés para la salud.

Este trabajo ha sido realizado por el equipo de investigación multidisciplinar ECsens entre los departamentos de Química Analítica y Electrónica y Tecnología de los Computadores de la UGR, que han desarrollado un sistema de detección portátil en tiempo real y sin batería para la medida del CO2 gaseoso en dicho volumen interior de la mascarilla. Y, finalmente, publicado en la prestigiosa revista Nature Communications .

Las mascarillas estándar simplemente actúan como filtros de aire para las vías nasal y bucal, la integración de sensores para medir parámetros de interés se considera un valor añadido para mejorar su uso y efectividad, creando un nuevo paradigma de mascarillas inteligentes.

“El sistema que proponemos consiste en la inclusión, dentro de una mascarilla FFP2 estándar, de una etiqueta flexible compuesta por un sensor de CO2 optoquímico novedoso de desarrollo propio junto a toda la electrónica de procesamiento de la señal. Ambos se han impreso en un sustrato polimérico ligero y flexible, conformando a lo que denomina una ‘etiqueta sensora’, sin originar ningún malestar para el usuario”, destacan los autores.

La etiqueta fabricada no usa baterías, porque se alimenta de forma inalámbrica con el enlace de comunicación NFC (el que se usa para el pago inalámbrico, por ejemplo) de un teléfono inteligente mediante una aplicación de Android.

Dicha ‘app’ también se utiliza para el procesamiento de datos, la gestión de alertas y la visualización y el intercambio de resultados. Los científicos de la UGR han realizado pruebas preliminares de esta mascarilla inteligente con sujetos, tanto con actividad sedentaria como durante la realización de ejercicio físico.

“Nuestros resultados, que están en línea con ensayos clínicos previos, proporcionan valores de CO2 entre el 2% durante actividades sedentarias hasta valores máximos de casi un 5% durante ejercicio físico de alta intensidad. Estos valores son significativamente mayores al rango de CO2 que se tienen en atmósfera abierta o ambientes típicos de trabajo considerados saludables”, agregan.

Foto: Cortesía

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