La Guardia Revolucionaria de Irán ejecutó una ofensiva con drones y misiles contra bases estadounidenses en Baréin y sistemas de radar en Omán. Según Teherán, esta acción responde a los bombardeos perpetrados por Washington en territorio iraní durante las últimas 48 horas. Aunque el gobierno iraní asegura haber golpeado objetivos estratégicos en el golfo Pérsico, la magnitud de los daños reales aún no ha sido verificada de forma independiente.
Este ataque directo representa un peligroso recrudecimiento del conflicto bilateral y extiende las represalias de Irán hacia países aliados en la región. La escalada militar amenaza directamente la seguridad en el estrecho de Ormuz, una ruta clave para el comercio global de petróleo. Mientras los analistas advierten sobre un inminente impacto en los precios internacionales de la energía, mediadores internacionales intensifican los esfuerzos diplomáticos para frenar una guerra regional abierta.
