Por: César Poveda
Esta ciudad abrazada por un sol canicular no logra encontrar luz que guíe; salvo este verso de Charly García, del que me aferro como una balsa en océano.
El fango donde actualmente estamos postrados no tiene parangón alguno; ya que aún vejados, existen manos que aplauden, aún, al que gobierna a manos llenas de miedo y de mentira. Quizá por ello nunca encontramos verdades comprobables, en los discursos oficiales; y sus acólitos se obligan a la entelequia de buscar ficciones, en este triste país donde sólo pulula la muerte, o muchas veces la amenaza, como abrebocas a lo que se convertiría en persecución después.
Sólo recordemos: mientras Esmeraldas era desbordada por el peor accidente petrolero que ha vivido Ecuador, el poder impávido, degustaba algún manjar que no se debía entorpecer, por los cinco ríos que se teñían de negro, ni por la flora y fauna perdida, ni por las vidas destruidas junto a sus pequeñas parcelas muertas ya. La triste respuesta: silencio, y luego, un inefable ministro culpó a una zarigüeya, por un apagón del Ecuador de aquel entonces.
Mientras se denunció que los círculos más cercanos del poder, ordeñaron los alimentos que se otorgaron en las cárceles del país; en este terruño, continuaron matándonos como a ratas, en cualquier esquina, de cualquier ciudad del litoral. Porque seguramente el hecho de poder vivir en paz, era un derecho al que nos habíamos mal acostumbrado, y por eso existieron más de nueve mil asesinatos en el 2025, y más de tres mil muertos los pusieron Guayaquil y Durán.
Hoy por hoy, la ley para todos, es que sobrevivamos, y sin quejarnos. Mientras todo esto ocurre: mutismo; porque a esta hora, ya nadie se acuerda que una otrora ministra, inventaba un epopéyico nombre para un apopléjico plan, que nunca existió, con un nombre tan mitológico como comprobable: un fénix que nunca resucitó, siempre fue ceniza.
Mientras el narcotráfico sigue irrigándose en cada esquina y cada calle del país entero, la respuesta del poder se reduce a perseguir, a calumniar, a necrotizar esta sociedad, que aparentemente sigue viva, pero que creo yo, está ya muriéndose. Ejemplos; varios.
Persecuciones sangrientas y obsesivas a alcaldes, arrastrando a ella, hasta a sus familiares y amigos, sencillamente por tener un “sabor” muy marcado a cabildo, a independencia y a disidencia. La consigna es clara: aniquilarlos a todos si tan solo huelen a oposición. Ahora, nadie puede negar que todos esos alcaldes saben pelear, y mirando a los ojos; sin rehuir jamás, a nadie, ni al mismo poder, por feroz que sea su arremetida.
Tienen también encerrado a un exvicepresidente, cuando este –incluso- ya cumplió su infame condena. Ahora resulta que, en este nuevo país, no sólo se persigue a corruptos en esencia (que son culpables sin sentencia previa), sino que también se ha tachado a toda la oposición de terrorista; de beneficiarios de favores políticos -traducidos a pautas-, y asesinos por si acaso alguien se atreve a dudarlo. Tanta infamia lacera, no sólo por burda, sino por ruin.
Y ahora por obra y arte de magia, se rompe el mutismo, y los señores vestidos de poder, fungen una sonrisa mal garabateada y nos piden el voto, a cambio de un país de cartón.
A todos: resiliencia y paciencia, y si me lo permiten, ahí estaremos, a lado de Ustedes, tanto en la pesadilla, como cuando esta termine, porque el poder, podrá monopolizar la mentira y el miedo, sin embargo, ustedes detentarán siempre la verdad, que nunca jamás dejará de ser parida como verdad.
Por eso, mientras todo esto ocurre, y el poder moribundo, siga siendo poder, y su séquito siga ebrio de mando, creyendo inútilmente que ellos son la patria; yo soy extranjero.
